Las mujeres muestran más aversión al riesgo en las inversiones que los hombres

Las diferencias entre los hombres y las mujeres (o viceversa) a la hora de invertir son ya un clásico en las noticias sobre el asesoramiento financiero. Pero son una cuestión transcendental si se tiene en cuenta que la Comisión Europea ha colocado en la primera línea el debate sobre la importancia de fomentar el ahorro y la inversión a largo plazo tras el lanzamiento de su Estrategia para la Alfabetización Financiera
En este contexto, numerosos estudios ponen de manifiesto que la brecha de género es también una diferencia estructural que afecta a la inversión y al ahorro a largo plazo, que es lo que quiere fomentar la Comisión Europea. Así, la segunda edición del estudio ‘Conductas sostenibles de la población española’, realizado por la entidad de banca ética Triodos Bank, refleja que el 23,3% de las mujeres invierte en algún producto financiero, frente al 32,4 % de los hombres, lo que supone una diferencia cercana a los diez puntos.
Las causas de esa diferencia son diversas y en buena medida estructurales. La brecha salarial (según un estudio -https://commission.europa.eu/strategy-and-policy/policies/justice-and-fundamental-rights/gender-equality/equal-pay/gender-pay-gap-situation-eu_en- de la Comisión Europea, las mujeres cobran el 12,7% menos que los hombres en la UE), la menor cultura financiera, y la desconfianza de las mujeres respecto a la inversión limitan su participación en los mercados. Pero también tienen mucho que ver las diferencias no solo económicas, sino también culturales y educativas que influyen en la toma de decisiones financieras. La propia Comisión Europea explica que también se debe a la menor presencia femenina en puestos de liderazgo, la infravaloración de sectores generalmente ocpuados por las mujeres, y la carga de tareas de cuidado no remuneradas, elementos que tienen un impacto directo en los ingresos de las mujeres y, por lo tanto, en su participación en los mercados financieros.
Al mismo tiempo, esas diferencias reflejan las dificultades que todavía enfrentan las mujeres para acceder y participar en los mercados financieros. El estudio de Triodos Bank evidencia también una mayor aversión al riesgo entre las mujeres que invierten: del total de hombres que invierte, el 36% elige la renta variable, frente al 31 % de las mujeres. Sin embargo, hay una preferencia común y generalizada por la renta fija: 42 % de los hombres y el 43% de las mujeres. Aquí no hay diferencias de género.
Además de esas diferencias de género, lo más interesante del estudio de Triodos Bank es que los resultados de su investigación muestran que el interés por los productos de inversión comienza a abrirse paso entre la ciudadanía española. Tanto hombre como mujeres. Un 27,7 % de la población declara haber colocado dinero en algún tipo de producto de inversión. Del 72,3 % que no invierte, un 37% reconoce que sus reticencias se deben al miedo a perder su dinero, y un 35,3% afirma que no sabe cómo hacerlo.
Un 22,1% de los españoles que invierten lo hace de forma selectiva y se limita a determinados instrumentos financieros, frente a un 5,6% que aborda cualquier tipo de producto que le resulte interesante.
Junto a las diferencias por sexo, también influyen la edad y la formación a la hora de mostrar más o menos apetito inversor. Del total de la población que afirma invertir, ya sean hombres o mujeres, las personas mayores de 65 años son las que más lo hacen (35%), seguidas por las de la generación millennial -entre 26 y 40 años-, con un 30,7 %. La población más joven -18 a 25 años- es la que menos invierte, con apenas un 26,5 %, probablemente por falta de ingresos.
El nivel educativo marca otra diferencia clara, y el 38,4% de quienes tienen estudios superiores (con independencia de su sexo) invierte, frente a uno de cada cinco en el caso de quienes tienen formación secundaria (20,3 %) y apenas un 16,4 % entre quienes poseen estudios primarios o menos. Esas diferencias muestran que la inversión requiere no solo capacidad económica, sino también conocimiento y educación financiera, aspectos que no están al alcance de toda la población, y que tradicionalmente son menores entre las mujeres,
Desde la perspectiva territorial, las comunidades autónomas con mayor proporción de personas que afirman invertir son La Rioja (33,9%), Madrid (32,7%) y el País Vasco (32,4%). En el extremo opuesto se sitúan Extremadura (22,4%), Asturias (21,8%) y Andalucía (21,3%).
En lo que se refiere a la tipología de producto, los fondos de inversión son, con diferencia, los más populares. Un 78,3 % de las personas que dicen invertir lo hacen a través de este vehículo, y los fondos de renta fija son la elección del 42,6 % de la ciudadanía, frente al 35,7 % que elige la renta variable. A mucha distancia de los fondos, la inversión directa en acciones (28,7 %) o los planes de pensiones (20,8 %).
En cambio, las Letras del Tesoro -que despertaron mucho interés cuando los tipos de interés se encontraban en niveles altos- solo atraen al 17,2 % de las personas inversoras, independientemente de su sexo. Y es que el español es conservador en sus inversiones, pero busca una rentabilidad que bata a la inflación, para no perder poder adquisitivo.
Ese conservadurismo se muestra también en que solo el 10,6% de los españoles invierte en criptoactivos. Y apenas el 2,8% afirma adquirir inmuebles como forma de inversión.


