¿Qué debemos esperar de las principales economías?

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Por Hans Bevers, economista jefe de Bank Degroof Petercam

Las previsiones de unas condiciones monetarias más duras, el desvanecimiento de los efectos de los estímulos fiscales en Estados Unidos, los precios de las materias primas, las tensiones comerciales y la disminución de las inversiones de capital en China apuntan a una ralentización de la economía en los próximos trimestres. Hasta ahora, la solidez de la actividad económica sólo se ha dejado ver en un débil aumento de los salarios y la inflación. La inflación general ha aumentado debido a la evolución de los precios de la energía, mientras la inflación básica sigue siendo modesta. Se ha hablado mucho sobre la muerte de la curva de Phillips pero aún es pronto para confirmar este mensaje.

En EEUU, el fuerte aumento en agosto de los índices ISM sugiere que el crecimiento económico sigue siendo fuerte en el tercer trimestre. El país vive actualmente la segunda expansión económica más larga de su historia, con un crecimiento por encima del 4% anualizado en el segundo trimestre. Es difícil ver cómo podrá sostenerse este ritmo durante mucho más tiempo. Las reformas fiscales de Trump están impulsando el crecimiento en el corto plazo, pero generarán un deterioro de las finanzas públicas y un aumento de la desigualdad en el largo plazo. Además, el endurecimiento de la política monetaria afectará a la actividad económica.

Mientras, la curva de tipos continúa su tendencia de aplanamiento, algo que debemos vigilar de cerca, ya que tiende a acompañar un frenazo del crecimiento económico. No obstante, las posibilidades de recesión aún son bajas. La confianza de los consumidores todavía es fuerte y las previsiones de inversión han mejorado. La inflación se está recuperando y el mercado laboral se acerca al pleno empleo. Además de la subida de septiembre, se espera que la Reserva Federal aumente los tipos en diciembre. Si la volatilidad regresa a los mercados financieros, la Fed se vería obligada a ser más cautelosa. Un mayor aplanamiento en la curva de tipos en los próximos meses también podría obligar a frenar el endurecimiento de la política monetaria en 2019.

En Europa, el comienzo del segundo semestre fue decepcionante pero el crecimiento económico continúa. Mientras los indicadores adelantados sugieren que el crecimiento económico se ha moderado claramente en la primera mitad del año, el entorno general sigue siendo de expansión. La revisión al alza del PIB del segundo trimestre y la mejora y estabilización en algunos indicadores ofrecen cierta seguridad sobre las previsiones de actividad a corto plazo de la eurozona. Desde la segunda mitad de 2016, el ciclo económico europeo ha vivido una clara mejora. Todos los sectores se han recuperado y el mercado laboral está prosperando de nuevo, aunque el desempleo continúa por encima de los niveles anteriores a la crisis, con grandes divergencias entre países. No debería ser una sorpresa que, aunque las previsiones salariales sean positivas, vayan a seguir siendo modestas en el futuro cercano, mientras la inflación se mantendrá por debajo del objetivo del 2%.

En este contexto, no se espera un endurecimiento de la política monetaria en el corto plazo. El BCE pretende poner fin a su programa de compra de activos a finales de este año, pero es demasiado pronto para subir tipos. Tal como están las cosas, la primera subida probablemente no se producirá antes del verano de 2019. El gobierno de coalición italiano seguirá siendo una fuente de incertidumbre tanto para Italia como para la zona euro. Las tensiones comerciales entre la Unión Europea y EEUU se han calmado de nuevo después de la reunión entre Donald Trump y Jean-Claude Juncker. Por su parte, las negociaciones del Brexit todavía son lentas. Se espera que Reino Unido y la UE lleguen a un acuerdo sobre la cooperación económica a tiempo para la cumbre de la UE de mediados de octubre.

En Japón, los datos revisados muestran que el crecimiento del PIB en el segundo trimestre fue mejor que el dato publicado inicialmente, mientras los datos de inflación siguen siendo débiles. La caída en los precios de la energía presionará la inflación general en los próximos meses, pero la inflación subyacente puede fortalecerse un poco en un contexto de ajuste del mercado laboral y aceleración del crecimiento de los salarios. El Banco de Japón se mantiene firme en la flexibilización de la política monetaria, permitiendo sólo ajustes técnicos en su política de control de la curva de tipos hasta que aparezcan evidencias de presiones sobre los precios.

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