Por qué es inteligente apostar por la gestión pasiva

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Por Jorge Sieiro, cofundador y COO de Fintup

A la hora de gestionar un fondo de inversión existen dos alternativas estratégicas: aquella en la que el gestor busca y selecciona activos financieros de acuerdo con su propio criterio y análisis, con el objetivo de conseguir unas rentabilidades superiores a las del mercado -lo que se conoce como gestión activa-; y aquella en la que el objetivo del gestor es replicar el comportamiento de un mercado o índice de referencia (benckmark), por lo que se denomina gestión indexada o gestión pasiva.

Si atendemos a los resultados del comportamiento de los fondos según los principales índices bursátiles, encontramos que la inmensa mayoría de los fondos de inversión gestionados por profesionales no son capaces de hacerlo mejor que un simple fondo indexado que lo único que hace es “comprarlo todo” y replicar la rentabilidad de un mercado.

En realidad, basta con pensarlo un poco y saber reconocer la sencilla aritmética que entra en juego para darse cuenta de que se trata de una tendencia totalmente lógica. En el largo plazo, la rentabilidad de las acciones depende casi exclusivamente del retorno obtenido por las empresas, es decir, de la rentabilidad de los dividendos más el crecimiento anual de los beneficios.

Aunque en el corto plazo las emociones, las expectativas y la percepción de los inversores puede provocar que los precios de las acciones pierdan el contacto con la realidad, en el largo plazo es la realidad económica de los negocios la que se impone. Por lo tanto, es obvio que la rentabilidad obtenida por todas las empresas que componen un mercado o un índice (por ejemplo, el IBEX 35) debe ser exactamente la misma que la rentabilidad bruta que, en conjunto, obtienen todos los inversores que participan en ese mercado.

Sin embargo, después de restar todos los costes (comisiones de gestión, de depósito, comercialización, corretajes, gastos operativos, etc.), el retorno de los inversores es inferior al del mercado en una cantidad exactamente igual a la suma de todos esos costes. En definitiva, los inversores, como grupo, no podemos batir al mercado.

Además, hay que tener en cuenta que los inversores mayores, mejor preparados e informados y más competitivos de la historia, son los que actualmente dominan el mercado, por lo que prácticamente nadie, salvo unos poco elegidos, pueden plantearse batir al resto de manera consistente una vez descontados todos los gastos y comisiones.

Al igual que ocurre con futbolistas, cantantes, tenistas, actores, etc., son pocos los privilegiados, auténticas estrellas, que ganan millones y elevan la media de ingresos de su colectivo, cuando lo cierto es que la inmensa mayoría de los profesionales se sitúan por debajo de la media.

El inversor particular no tiene el tiempo, la experiencia, ni los conocimientos para competir con la élite. Por tanto, en lugar de enfrascarse en complejas maquinaciones para intentar seleccionar las mejores acciones o los mejores fondos y ser más listo que el resto, la opción más inteligente que tiene es la más simple de todas: indexarse (es decir, “comprarlo todo”) al más bajo coste posible y obtener la rentabilidad del mercado. De este modo tan sencillo tendrá garantizado que sus resultados superarán a la inmensa mayoría de los inversores profesionales.

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