Niall Gallagher (Jupiter AM): La renta variable europea ofrece oportunidades para los inversores activos

Por Niall Gallagher, gestor de inversiones de renta variable europea en Jupiter AM
Aunque la geopolítica está generando incertidumbre en todos los mercados, existen dinámicas que creemos que siguen haciendo de Europa un mercado atractivo para los inversores activos.
Tras más de una década en la que el capital fluyó de forma incesante hacia los mercados estadounidenses —en parte gracias al crecimiento de las asignaciones de los fondos globales—, la incertidumbre política ha comenzado a generar preocupación entre aquellos inversores que se sienten cada vez más incómodos con la concentración existente en sus carteras. Esto no convierte a Europa en el único beneficiario de una posible reasignación, ni sugiere que la región esté exenta de desafíos. No obstante, como vimos en los dos primeros meses de este año, cualquier cambio de este tipo podría proporcionar un importante viento de cola para los mercados europeos.
Europa tiene una dependencia limitada de un único escenario económico
El punto de partida para cualquier análisis es la valoración. En comparación con muchos otros mercados, la renta variable europea cotiza más cerca de sus valoraciones medias de largo plazo y con un descuento significativo frente a Estados Unidos. La concentración del mercado dentro de la renta variable europea es notablemente menor —las diez mayores compañías representan el 15% del índice, frente al 43% en Estados Unidos—, mientras que la exposición de los ingresos es cada vez más global, ya que menos de la mitad de los ingresos de las empresas europeas procede de sus mercados domésticos. Este último aspecto limita la dependencia de cualquier resultado económico concreto.
El contexto geopolítico ha añadido tanto complejidad como, de forma algo inesperada, oportunidades estructurales. El cambio en la política estadounidense —en materia comercial, de defensa y de la arquitectura más amplia de la cooperación global— ha actuado como catalizador para que Europa reevalúe su posición estratégica. Esto se está materializando en un aumento del gasto en defensa, una mayor atención a la seguridad energética y a la resiliencia de las cadenas de suministro, así como en una postura fiscal más activa, especialmente visible en Alemania y a nivel de la Unión Europea. No se trata simplemente de respuestas a corto plazo ante presiones inmediatas; representan las primeras etapas de un ciclo estructural de inversión que probablemente perdure durante años. La elevada incertidumbre —ya sea por los aranceles, las tensiones en Oriente Medio o la competencia entre Estados Unidos y China— también está contribuyendo a una mayor volatilidad en los mercados. Para los inversores centrados en la calidad de los negocios y no en los titulares de corto plazo, estas dislocaciones periódicas también pueden generar oportunidades.
Los desafíos de crecimiento estructural siguen presentes
La tesis de inversión en Europa es matizada. Por el lado positivo, las valoraciones son razonables, la inversión estructural se está acelerando en ámbitos como la defensa, la electrificación y las infraestructuras digitales, y el sector bancario es más rentable y está mejor capitalizado que en cualquier otro momento desde la crisis financiera. No obstante, también somos conscientes de los desafíos existentes: persisten las preocupaciones sobre el crecimiento estructural, especialmente en economías clave como Alemania, Reino Unido y Francia; las cargas regulatorias afectan a la competitividad de algunas industrias; y los costes energéticos siguen siendo más elevados que en Estados Unidos, con especial relevancia para los sectores industriales y los países donde el precio de la electricidad es más alto. La exposición global de los ingresos, aunque generalmente supone una ventaja, también genera un riesgo de transmisión derivado de una posible debilidad en China o de una desaceleración en Estados Unidos.
Dicho esto, muchos de estos factores son bien conocidos y, posiblemente, ya estén reflejados en los precios. También conviene señalar que la Comisión Europea parece cada vez más dispuesta a actuar en defensa de su base manufacturera. La industria siderúrgica ofrece un ejemplo reciente, donde las medidas destinadas a mejorar la competitividad de los productores europeos y restringir las importaciones apuntan a un cambio más amplio hacia una política industrial más activa.
Continúa existiendo margen para la selección activa
La dispersión sectorial es significativa y va en aumento. Los sectores financieros —especialmente los bancos— siguen representando, en nuestra opinión, una oportunidad atractiva. Los tipos de interés más elevados, la mejora de las posiciones de capital, la consolidación del sector y la reanudación de una remuneración significativa al accionista han transformado fundamentalmente el perfil de beneficios de los bancos europeos, mientras que las valoraciones siguen siendo poco exigentes en relación con esta mejora del contexto.
La electrificación y las infraestructuras energéticas ofrecen una temática de inversión con horizonte de varias décadas, impulsada por la descarbonización y el aumento de la demanda de electricidad —a lo que los centros de datos vinculados a la inteligencia artificial contribuyen cada vez más—, generando un flujo sostenido de inversión en infraestructuras de red, generación y almacenamiento. Europa también ocupa posiciones clave a lo largo de la cadena de valor de los semiconductores, y las empresas industriales vinculadas a infraestructuras, defensa e inversión en cadenas de suministro están bien posicionadas a medida que el ciclo más amplio de inversión en capital fijo gana impulso.
En otros ámbitos, el panorama es más heterogéneo. Los sectores de consumo se enfrentan a una combinación complicada de debilidad en la confianza y presiones estructurales, mientras que las telecomunicaciones y algunas áreas del sector químico siguen limitadas por marcos regulatorios o por una reducida capacidad de fijación de precios. La narrativa relacionada con la inteligencia artificial también ha provocado fuertes revisiones a la baja de las valoraciones en determinadas compañías —en ocasiones sin que haya habido un deterioro equivalente en sus beneficios subyacentes—, creando oportunidades selectivas para los inversores dispuestos a mirar más allá del ruido de corto plazo.
Invertir con disciplina y una perspectiva de largo plazo
Para navegar este entorno, hemos aplicado nuestro enfoque de inversión de manera consistente, un enfoque que ha sido puesto a prueba a lo largo de numerosos ciclos de mercado. Gestionamos una estrategia concentrada y de alta convicción, invirtiendo en aproximadamente entre 30 y 40 valores, construida desde abajo hacia arriba mediante una profunda investigación fundamental. No estamos condicionados por ningún estilo de inversión —ni crecimiento ni valor— y nos centramos en identificar compañías capaces de generar retornos sobre el capital superiores a su coste de capital a lo largo del tiempo. La construcción de la cartera es disciplinada y utiliza un modelo de riesgo para minimizar exposiciones no deseadas a factores y garantizar que sea la convicción específica en cada valor la que impulse el riesgo activo.
No nos dedicamos a creer que podemos predecir con precisión los resultados macroeconómicos, pero analizamos continuamente las tendencias del mercado y el desempeño empresarial para evaluar cómo pueden verse afectadas las compañías, ajustando el posicionamiento cuando la evidencia lo justifica. Un ejemplo reciente fue nuestra decisión de aumentar la exposición al sector de petróleo y gas tras el estallido del conflicto en Oriente Medio, reflejando una perspectiva diferente sobre los flujos de caja libres de las compañías debido a la evolución de los precios de la energía, así como el reconocimiento de que muchos países necesitarán construir o reconstruir reservas estratégicas independientemente de cuándo se resuelva el conflicto. El objetivo, como siempre, es identificar negocios con la calidad y la resiliencia necesarias para generar valor a lo largo de los ciclos y, cuando procede, aprovechar los periodos de dislocación del mercado para construir posiciones a valoraciones que tengan sentido desde una perspectiva de largo plazo.
La incertidumbre geopolítica, y de forma más concreta el cierre del estrecho de Ormuz, sigue nublando las perspectivas para numerosas industrias. El abanico de resultados posibles puede considerarse, en términos generales, bimodal: o bien las disrupciones se reducen y el comercio vuelve a la normalidad, o bien un cierre prolongado y la persistencia de la incertidumbre alimentan la inflación y lastran el crecimiento. Aun así, como hemos comentado, creemos que existen temáticas estructurales muy atractivas en las que invertir y que las dislocaciones del mercado pueden seguir beneficiando a los gestores activos que estén posicionados de forma reflexiva. Junto con las oportunidades derivadas del reequilibrio de los flujos de capital, creemos que la renta variable europea sigue siendo un entorno en el que un enfoque paciente y basado en la investigación puede aportar un valor real y duradero.


