MiFID II acabará con los negocios basados en las retrocesiones privilegiando el pago explícito

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Las retrocesiones son parte de las comisiones que el comercializador de un producto de inversión, normalmente un fondo, se queda, incluyéndolas dentro del precio final. Aunque la Directiva de Mercados de Instrumentos Financieros (MiFID I) las prohíbe de forma implícita desde 2007, han logrado sobrevivir legalmente aquellas que, en la práctica, suponen una mejora del servicio al inversor y son comunicadas de manera transparente. La nueva MiFID II las acotará de manera definitiva, algo que supondrá un duro golpe sobre todo para la banca, que, de acuerdo a datos de la patronal Inverco, absorbe la gran mayoría de ventas de fondos en España.

A pesar de que todavía falta por conocer la trasposición total de esta nueva Directiva al ordenamiento jurídico español (El Consejo de Ministros ha aprobado recientemente un Real Decreto-Ley que modifica el texto refundido de la Ley de Mercado de Valores, aunque que por aprobar otro RD que recoja el contenido más reglamentista del proyecto), muchas de las entidades se está adaptando ya al marco más factible, apuntado por el propio Ministerio de Economía hace algunos meses, donde se establece que la oferta de cada activo debe contener un 25% de productos de terceros para retroceder comisiones. Por el momento, parece que el modelo para que se pueda seguir optando al cobro de retrocesiones es que el asesor se declare dependiente y procure la creación de valor añadido bajo los prismas de seguimiento de la cartera del cliente y la oferta de productos de terceros.

“La pregunta es cómo vamos a seguir generando beneficios si, alineándonos con MiFID II, cada vez reducimos más los ingresos por retrocesión de comisiones”, asegura Pedro Dañobeitia, Director General de Sabadell Urquijo Banca Privada. Entre las alternativas, apuntadas por el propio Dañobeitia y otros expertos en una reciente jornada organizada por APD y Cuatrecasas, está la de invertir en la modernización digital del negocio, estableciendo una gran sinergia de costes con todos los departamentos involucrados en el asesoramiento y gestión de carteras.

Llega el pago explícito

En otra tesitura muy diferente se encuentran otros agentes, que se debaten entre el asesoramiento independiente o dependiente, aunque, según Jorge Canta, socio de Cuatrecasas, “más que una decisión personal, terminan haciéndose dependientes por necesidad”. Cuestiones como la devolución de las retenciones y su consiguiente impacto fiscal o los requisitos para ser independientes (por ejemplo, el no cobro de recesiones) terminan por dictar sentencia. Con todo, el propio Canta celebra “el orden que traerá consigo MiFID II, principalmente a la hora del establecimiento de carteras con clases limpias que no conlleven ninguna retrocesión”.

En esta línea, parece expresarse Juan Aznar, presidente de Mutuactivos, quien directamente afirma que “los modelos de negocio basados en las retrocesiones están muertos y muchos de ellos ni siquiera lo saben todavía”. Lo que toca ahora, según señala Víctor Allende, director ejecutivo de Banca Privada y Premier de Caixabank “es darle valor añadido al cliente, si las cosas son sensatas el cliente pagará, pero es verdad que nos encontramos todas las entidades en un momento decisivo de plena transformación del negocio”.

Más crítico se muestran otras voces, como la de Juan Jesús Gómez Cubillo, socio fundador de Consilio, asegurando que, durante muchos años, “se ha cobrado mucho en España por servicios no reales”. Esta nueva transición al pago explícito augura que “será dura”, pero que, en cuanto los clientes discriminen entre aquellas entidades que les prestan un servicio real de valor añadido, “todo se racionalizará, haciendo del modelo de asesoramiento independiente una tendencia cada vez más al alza”.

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