Los inversores institucionales creen que el escenario actual favorecerá a la gestión activa en 2018

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Sophie del Campo: “Los inversores de a pie no comprenden el riesgo sistémico que ha provocado el auge de la inversión pasiva”

Dos tercios de los inversores institucionales de todo el mundo (65%) esperan que las burbujas en los activos afecten negativamente a sus inversiones en 2018 y tres de cada cuatro (75%) cree que el entorno actual de mercado favorece la gestión activa, teniendo en cuenta que la asignación a gestión pasiva ha caído por tercer año consecutivo, según un nuevo estudio publicado hoy por Natixis Investment Managers.

Para posicionar sus carteras para la volatilidad, esperan que los bancos centrales vayan retirando gradualmente el apoyo monetario al sistema que implementaron desde la crisis financiera: Además, están aumentando la asignación a activos no tradicionales, incluyendo private equity, deuda privada e inmobiliario, en busca de alternativas a los bonos y rentabilidades más atractivas en un mercado muy saturado.

Sophie del Campo, directora general de Natixis Investment Managers para Iberia, Latinoamérica y US Offshoreafirma que “los inversores institucionales de todo el mundo son conscientes de las frágiles condiciones de mercado, la distorsión de los precios y los riesgos sistémicos provocados por la intervención de los bancos centrales y el aumento de popularidad de la gestión pasiva, por lo que siguen recurriendo a los gestores activos para gestionar las condiciones actuales. Confían en que sus carteras están preparadas para afrontar cualquier escenario futuro, pero advierten de que los inversores de a pie no comprenden el riesgo sistémico que ha provocado el auge de la inversión pasiva”.

Natixis encuestó a ejecutivos en 500 inversores institucionales que, en total, gestionan más de 19 billones de dólares en activos para pensionistas, gobiernos, aseguradoras y otras entidades. El estudio reveló que el 59% de los inversores cree que la volatilidad ha sido suprimida artificialmente por los flujos de entrada a estrategias de inversión pasivas. Más de la mitad (57%) opina que el aumento de la inversión pasiva distorsiona los precios de las acciones e incrementa el riesgo sistémico (63%), algo de lo que el 72% de los inversores individuales todavía no se dan cuenta.

Navegando por el mercado de forma activa

Las estrategias activas gozan de una aceptación cada vez mayor entre los inversores institucionales, ya que ahora el 76% de ellos cree que el entorno de mercado actual probablemente sea favorable para la gestión activa de carteras.

Comparando directamente los enfoques pasivos y activos, una mayoría del 57% señala que los gestores activos baten a los pasivos a largo plazo. Tres cuartas partes de estas entidades (75%) afirman que los gestores activos acceden mejor a las oportunidades en los mercados emergentes y un porcentaje similar (74%) señala que los gestores activos ofrecen mejor exposición a clases de activos descorrelacionadas.

Sophie del Campo señala que“gestionar los riesgos bajistas será más complejo en 2018, pero el nuevo año también debería verse como una oportunidad. La volatilidad puede impulsar las rentabilidades de aquellos que sean capaces de aprovecharlas. Sin embargo, las entidades que no cuentan con carteras verdaderamente diversificadas y duraderas se arriesgan a reaccionar ante las correcciones y la volatilidad de los mercados, en lugar de beneficiarse de estos movimientos. Los mercados parece que vivirán un 2018 más movido y volátil y, por lo tanto, hará falta tener un planteamiento más activo”.

Burbujas en los bonos frente a volatilidad bursátil

Una inmensa mayoría de inversores institucionales (77%) cree que un periodo prolongado de bajos tipos de interés ha provocado burbujas en los activos. Además, de cara al futuro, el 62% de los inversores institucionales considera que las subidas de los tipos de interés son el factor más preocupante para las carteras en 2018 y podrían provocar una corrección en las cotizaciones de la renta fija.

La encuesta también refleja que las burbujas en los activos rivalizan con los acontecimientos geopolíticos (algo que preocupa al 74% tras los sucesos recientes) y que superan a las subidas de los tipos de interés (61%) como el factor que los inversores institucionales creen que tendrá un efecto más negativo en sus inversiones en 2018.

Los inversores institucionales creen que el mercado de bonos es la clase de activos tradicional con más probabilidades de sufrir una burbuja. Un 42% de los inversores institucionales espera una “burbuja en el mercado de bonos”, lo que prácticamente duplica el porcentaje de ellos que espera una burbuja inmobiliaria (23%) y se podría comparar con el 64% que aprecia una burbuja en el Bitcoin.

Para Sophie del Campo, “ahora que todas las inversiones en renta fija están sujetas a la posibilidad cada vez mayor de que los tipos de interés suban de forma sostenida en todo el mundo, muchos inversores institucionales están empezando a ver con recelo las valoraciones actuales de los mercados de bonos. Por consiguiente, los inversores están volviendo la vista cada vez más a los activos alternativos y a las soluciones de inversión descorrelacionadas que puedan ayudarles a sortear los retos que plantearán los mercados en 2018”.

Un elevado porcentaje de inversores institucionales (30%) también observa una “burbuja” en las bolsas. Sin embargo, el principal rasgo de la renta variable en 2018 parece que será un repunte de la volatilidad (más que una corrección sostenida): una inmensa mayoría de los inversores institucionales (78%) espera un incremento de la volatilidad bursátil el próximo año. Analizando la ausencia de volatilidad este año, la mayoría de los inversores institucionales (59%) cree que esta situación es insostenible y, de hecho, es algo que les preocupa gravemente

La búsqueda de diversificación

Los inversores institucionales están depositando más confianza en la renta variable y las inversiones alternativas descorrelacionadas para capear las dificultades en los mercados:

  • Las exposiciones a renta variable han aumentado hasta el 37,1% (frente al 33,8% en 2016), mientras que las exposiciones a renta fija han experimentado un ligero descenso y ahora se sitúan en el 33,9%, frente al 35,0% de 2016.
  • Posiblemente en respuesta al miedo a que se produzca una burbuja en las valoraciones de la renta fija, un tercio de los inversores institucionales (33%) está reduciendo la cantidad de bonos corporativos de alto rendimiento en sus carteras, mientras que una cuarta parte (26%) está haciendo lo mismo con sus posiciones en deuda pública.
  • Casi dos tercios (64%) afirman que la renta fija ha dejado de prestar su función tradicional de gestión del riesgo en las carteras, mientras que el 60% cree ahora que los activos tradicionales guardan, en general, una correlación demasiado elevada como para ofrecer fuentes de rentabilidad diferenciadas.
  • Por el contrario, el 78% afirma que usar más los activos alternativos es una forma eficaz de gestionar el riesgo, y casi la misma proporción de entidades va aún más lejos y asegura que las inversiones alternativas son, de hecho, esenciales para diversificar el riesgo de las carteras (70%, frente al 67% hace un año).
  • Dentro de las inversiones alternativas, se observa interés por los activos ilíquidos, ya que el 74% cree que sus rentabilidades potenciales hacen que merezca la pena correr el riesgo derivado de los plazos fijos que conllevan estas inversiones. El capital riesgo es el ejemplo más citado y el 39% de las entidades está aumentando sus inversiones en esta área; en este sentido, dos tercios (67%) de las entidades están satisfechas con los resultados de las inversiones de capital riesgo de sus carteras.
  • En términos de sector: muchos institucionales (45%) esperan que el sector tecnológico sea el que mejor se comporte con respecto al mercado en 2018, seguido por el sector salud (44%), defensa/aeroespacial (43%) y finanzas (41%).

En competencia directa con la renta fija, más de tres cuartas partes de los inversores institucionales declaran ahora que la deuda privada ofrece rentabilidades ajustadas al riesgo más altas que los vehículos de renta fija (frente al 73% hace un año) y el 36% de las entidades está elevando actualmente sus posiciones en deuda privada.

También está surgiendo una visión a más largo plazo sobre la sostenibilidad de las rentabilidades. Tres de cada cinco entidades (60%) afirman ahora que la incorporación de criterios medioambientales, sociales y de buen gobierno (conocidos por sus siglas en inglés ESG) será algo habitual en todas las gestoras dentro de cinco años. La razón parece ser tanto práctica como ética; una mayoría similar (59%) señala que la inversión con criterios ESG puede generar alfa.

Sophie del Campo concluye que “los inversores institucionales de todo el mundo están preparándose para la corrección de los activos y la posible aparición de burbujas, así como para las subidas de los tipos de interés y el aumento de la volatilidad. Más allá de la inversión tradicional en renta variable y renta fija, también estamos viendo que muchos inversores institucionales buscan refugio en estrategias de inversión alternativas con la idea de proteger y diversificar sus carteras, y al mismo tiempo generar rentabilidades satisfactorias. Estamos viendo un mayor análisis en las carteras y también una nueva búsqueda de diversificación”.

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