La tormenta perfecta que convertirá al asesor financiero en la estrella del mercado

Por José Emilio Chao

No hace mucho el asesoramiento financiero profesional era un servicio prácticamente reservado a las grandes fortunas. Pero  los cambios en los mercados financieros han sido tantos y de tanto calado que el inversor medio anda más que desorientado.

No olvidemos que, por lo general, el inversor español tiene más interiorizado el concepto “ahorro” que el de “inversión”, con una tenencia natural hacia los productos financieros sin riesgo pero con altas expectativas de rentabilidad. Es decir, justo lo que ya no existe en el mercado. Solo ahora que los tipos de interés están en negativo y los depósitos bancarios han dejado de ser una opción mínimamente rentable, el grueso de estos ahorradores se ha aventurado a buscar otras alternativas. Y es cuando el inversor medio nacional, acostumbrado a los productos garantizados con rentabilidades sustanciosas, se ha llevado más de un susto y ha salido escarmentado.

Ante la falta de soluciones atractivas para el común de los inversores, ¿hacia dónde miraron en busca de otras opciones? Muchos volvieron a interesarse por el mercado de bienes inmuebles, de tradicional atractivo en nuestro país, pero tras el estallido de la burbuja la confianza no ha vuelto a ser la misma, sobre todo cuando muestra tendencias poco homogéneas, con fuertes subidas de precios en grandes ciudades y cierto estancamiento en el resto del territorio.

Otros se adentraron en las procelosas aguas de Internet, donde proliferan los chiringuitos financieros que prometen rendimientos excepcionales con argumentos comerciales más propios de las ‘dietas milagro’. Pero la gran mayoría ha apostado por los fondos de inversión, sin duda porque es la opción que los bancos han promocionado como alternativa. El problema es que los mercados llevan tiempo muy nerviosos y la volatilidad ha hecho que el ahorrador medio -que valora la seguridad, el corto plazo y muestra nula tolerancia a la más mínima pérdida– entre en pánico nada más sufrir las primeras caídas y deshaga sus posiciones a las primeras de cambio, normalmente, justo cuando es más perjudicial para sus intereses.

Son muchos los que ya han recorrido estos y otros caminos ‘alternativos’ y no han encontrado remedio a sus males, más bien al contrario. Se encuentran en una encrucijada, indecisos y desorientados. Recibirían la aparición de un ‘guía’ experimentado como agua de mayo. Hasta ahora, esa labor la han hecho los bancos con una estrategia basada casi exclusivamente en ‘producto’, una solución que ha dejado de ser efectiva.

Paralelamente, cada vez son más los ciudadanos que no cuentan en su municipio con oficina bancaria. La supresión de sucursales ha hecho que, en pocos años, la banca haya reducido su red a la mitad y haya disminuido el número de empleados en más de un 40% desde 2009. Lo que se traduce en que cada vez haya más españoles en riesgo de exclusión financiera. Y todo esto ocurre en medio de una coyuntura marcada por tensiones geopolíticas, guerras comerciales y tipos de interés negativos que mantienen a los mercados financieros en una situación de volatilidad constante.

El panorama se presenta más que propicio para que el sufrido inversor, escaso de cultura financiera, reciba con los brazos abiertos los servicios de un asesor financiero independiente. A poco que sepan hacerse ver, su presencia en el mercado crecerá inevitablemente. Nunca van a encontrar a los clientes más receptivos que ahora. Para ello, es necesario, primero, que la Administración impulse decididamente el desarrollo de esta figura, algo que no ha ocurrido por las limitaciones vigentes para que crezca su implantación territorial (la normativa no permite que las Empresas de Asesoramiento Financidero dispongan de agentes con plena capacidad de asesoramiento) y, segundo, que los profesionales capacitados crean en la oportunidad que se presenta y hagan su apuesta. La carencia de oferta en el mercado es evidente: Más de la mitad de las provincias españolas no cuenta con ninguna Empresa de Asesoramiento Financiero (EAF).

Estamos ante la ‘tormenta perfecta’ que puede convertir al asesor financiero en la estrella ascendente del mercado.