¿Estará el futuro de la gestión de carteras en la Inteligencia Artificial?

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El cambio tecnológico crea ganadores y perdedores. Raj Shant, de Newton Investment Management, destaca dónde pueden encontrarse las mejores oportunidades de inversión ahora que la inteligencia artificial parece a punto de convertirse en realidad.

Hasta la fecha, la tecnología se ha contemplado como generalmente positiva para la productividad y la prosperidad, pero en la próxima década, las desventajas de la revolución tecnológica podrían pasar a un primer plano.

Con frecuencia, los inversores solo consideran el impacto negativo de la tecnología cuando se publican noticias sobre grandes fallos de seguridad. “Sin embargo, la siguiente fase del desarrollo digital –la adopción transformadora de la inteligencia artificial (IA)– podría ser mucho más disruptiva que el pirateo informático y el cibercrimen”, afirma Raj Shant, gestor de carteras en el equipo de renta variable global de Newton IM.

“La tecnología está pasando de realizar tareas relativamente repetitivas a ser capaz de llevar a cabo funciones cada vez más complejas”, añade. “Ahora mismo hay una carrera para desarrollar tecnologías que puedan mejorarse a sí mismas con el tiempo. Algunos afirman que esta será la última innovación realizada por el ser humano, porque más allá de este punto, las mejores innovaciones provendrán de las máquinas, no de nosotros”.

Los humanos aún estamos muy lejos de crear el tipo de máquinas conscientes y capaces de aprender que aparecen en películas como Blade Runner o Ex Machina, pero la investigación en IA ha sido escenario de grandes avances en los últimos años. A medida que las máquinas son capaces de realizar tareas más intensivas en información y cometidos no estructurados con un mayor grado de complejidad, aumenta el potencial de la automatización como una alternativa viable en el puesto de trabajo. Llegará un momento en que esto se transformará en una IA susceptible de plantear focos de tensión potenciales. El Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas inglesas) prevé que el auge de los robots y de la inteligencia artificial –parte de lo que llama la “Cuarta Revolución Industrial”– comportará una pérdida neta de 5,1 millones de puestos de trabajo durante los próximos cinco años.

“Las máquinas llevan más de un siglo dejando a obreros en el paro”, comenta Shant. “Los trabajadores administrativos, que tradicionalmente habían visto su puesto de trabajo a salvo de los efectos de la automatización, se hallan ahora en el punto de mira. Esto ilustra un lado oscuro de la tecnología: el hecho de que suele dejar a gente sin trabajo en el corto plazo”.

La sombría evaluación del WEF pone de manifiesto el reto inminente para las empresas y –por extensión– sus inversores, a medida que la tecnología destruye puestos de trabajo en diversos sectores, desde el manufacturero al sanitario. En su informe “The Future of Jobs” (El futuro del trabajo), la organización concluye que muchas empresas no están preparadas de manera adecuada para los cambios perturbadores que se avecinan, y que por el momento se han mostrado “tímidas” a la hora de afrontar activamente estos desafíos.

Esta inacción ante el cambio tecnológico no es infrecuente, aunque algunas empresas son más rápidas en adaptarse que otras. En opinión de Shant, los inversores deberían ser conscientes de lo rápido que se ajustan las compañías, un posible indicador de su potencial de crecimiento futuro: “Las mejores oportunidades para invertir se encuentran entre las empresas que ven cómo cambia la tecnología, la entienden mejor que sus competidores y se adaptan con más rapidez para aprovechar el poder de esos cambios”.

En un mundo en pleno cambio, uno tiene que ser “mucho más selectivo a la hora de decidir dónde invierte”, añade.

Un mundo de abundancia

Para ayudar a identificar a las compañías que se adaptan mejor al cambio tecnológico, los gestores de Newton pueden inspirarse en varios de los temas de inversión de la firma. Dos de los más relevantes son “Cuidado con la brecha” (“Mind the gap”) y “Abundancia” (“Abundance“).

“Vivimos en un mundo con una disponibilidad mucho mayor de bienes y servicios, y más baratos que nunca”, explica Shant. “Eso implica presiones en los precios, presiones en los márgenes y presiones en la rentabilidad. Las nuevas tecnologías, combinadas con un capital superbarato –en el marco de las políticas de tipos de interés cero o incluso negativos aplicadas por los bancos centrales– se traducen en un gran exceso de capacidad”. Y en un mundo interconectado, un exceso de capacidad en un sector de un país determinado supone un exceso de capacidad en ese sector en cualquier parte del mundo.

“Cuando vamos a comprar algo a una tienda y no estamos seguros de si es caro o barato, podemos buscarlo en nuestro smartphone y descubrir que podemos comprarlo mucho más barato en otro sitio”, apunta Shant. “Hoy en día hay aplicaciones que te permiten comprar directamente en Asia. Un exceso de capacidad en cualquier lugar del mundo se traduce en una capacidad excesiva aquí mismo, en cualquier calle comercial, en cualquier tienda en la que uno se encuentre. La abundancia está conduciendo a mayores brechas”.

Eso significa una pérdida del poder de fijación de precios para algunas empresas, mientras que otras han hecho gala de mayor robustez.

Shant: “Si uno produce algo que se pueda homogeneizar y estandarizar fácilmente, como los productores de materias primas o de energía, pierde en tal coyuntura, al ser muy difícil mantener los precios. De manera parecida, todo aquel que sea ineficiente de algún modo u opere con tecnología antigua, es muy vulnerable en este entorno, en el que los modelos de negocio cambian con gran rapidez”.

Por el contrario, las empresas de servicios son ganadoras potenciales en esta era de abundancia, siempre que sean capaces de explotar las facetas de su servicio. Mientras las materias primas y productos básicos se abaratan, los servicios y las experiencias se encarecen.

“Las cafeterías son el mejor ejemplo de la diferencia entre productos básicos y servicios”, explica el gestor. “Yo visito una cafetería de camino al trabajo porque me resulta cómodo, y solo rompería esta rutina si en algún otro lado encontrara un café no solo mejor, sino también bastante más barato”.

Dado que ese no suele ser el caso, los dueños de las cafeterías han podido subir sus precios año tras año sin demasiadas protestas de sus clientes. No obstante, los precios del café han estado bajando porque los productores carecen de poder de fijación de precios. “Los productores de café son fácilmente sustituibles”, prosigue. “Si uno no está a la par de los precios de los demás proveedores de café, se queda sin clientes”.

Facilitar el cambio

“En el mundo de la abundancia, las guías y los motores de búsqueda que ayudan a personas y empresas a navegar por la enorme cantidad de información disponible en internet también deberían florecer”, augura Shant. Con ello se refiere a compañías como Alphabet –la matriz de Google– o el portal de reseñas sobre viajes Tripadvisor.

“Cuanta más información hay, más difícil resulta convertirla en conocimiento. La gente acude a Tripadvisor porque confía en que obtendrá un punto de vista imparcial y genuino sobre cómo es un sitio, con lo que le ayudará a tomar decisiones”, explica.

Shant también hace hincapié en los facilitadores: empresas que permiten que otras compañías gestionar, adaptarse y prosperar en el nuevo mundo. Un ejemplo es Accenture, que ayuda a otras empresas a adaptar su arquitectura informática. El grupo también es un inversor importante en investigación y desarrollo de IA en su Centro de Innovación de Dublín2.

“La complejidad es mucho mayor de lo que solía ser, a todos los niveles”, continúa Shant. “Accenture ayuda a sus clientes a comprender en qué consiste su negocio para que puedan gestionarlo mejor. Tiene poder de fijación de precios porque si a un cliente potencial no le gusta lo que le cobra, Accenture puede amenazar con irse a ayudar a un competidor”.

La ya mencionada Alphabet y el gigante de software alemán SAP son dos ejemplos de compañías que están impulsando el cambio o facilitando que personas y empresas se adapten a este.

Más allá de la tecnología

No obstante, los inversores no deberían asumir que las compañías tecnológicas son las únicas en adaptarse con éxito al nuevo mundo. Equifax tiene sus orígenes en un colmado de Tennessee fundado en 1898, todo lo contrario de la típica start-up de Silicon Valley descarada y disruptora. Durante muchos años sobrevivió y prosperó como agencia de información de crédito, proporcionando informes y puntuaciones sobre solicitantes de préstamos. En un momento dado entró un nuevo equipo directivo en la empresa, que examinó su modelo de negocio desde un punto de vista novedoso y empezó a reformularla como empresa de datos.

“Buscaron nuevas maneras de recopilar, conectar y fragmentar datos, al darse cuenta de que los avances tecnológicos le permitían recabar más información sobre más personas con más rapidez que antes, y proporcionar herramientas más potentes y predictivas”, comenta Shant. “Pese a no ser una acción tecnológica, la empresa ha transformado todos los aspectos de su negocio”.

El Newton Global Opportunities Fund incorporó por primera vez a Equifax a su cartera en 2012. Sin embargo, hace poco se ha recortado la posición, al haberse encarecido considerablemente. “En esencia, es la misma idea de inversión que por aquel entonces”, añade. “Uno no necesita invertir en la tecnológica más puntera para beneficiarse del cambio tecnológico. Nos gustan las compañías tecnológicas, pero no invertimos en start-ups debido al riesgo de que muchísimas de ellas acaben perdiendo todo su valor. Básicamente, somos agnósticos en cuanto a dónde encontramos oportunidades”.

Para Shant, la clave está en buscar compañías que hayan encontrado un nicho ayudando a la gente a navegar por toda esa información disponible, a elegir ante tantas opciones, o bien firmas que ayuden a otras empresas a adaptarse a un entorno en pleno cambio.