El censo de EAFs languidece mientras crecen las agencias de valores

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En solo un decenio transcurrido desde la creación de la figura ‘Empresa de Asesoramiento Financiero’ (EAF, antes denominada EAFI), el panorama ha cambiado radicalmente. Hasta hace poco, el registro de EAFs mostraba un crecimiento permanente y estas empresas parecían consolidarse como un modelo dinámico y de futuro, impulsado por dos factores principales: las necesidades crecientes de asesoramiento por parte de los inversores ante una coyuntura de tipos de interés negativos y el goteo constante de profesionales que salían de la banca como consecuencia de la reducción de la red de sucursales emprendida por las entidades financieras.

El vuelco de la línea ascendente se ha producido durante los últimos meses. En noviembre de 2017, el número de EAFIs registradas alcanzaba su cénit, con un total de 172. A partir de ahí, se inicia una lenta caída que cobra mayor velocidad a partir del segundo trimestre del presente año, hasta llegar a un censo de 160 empresas a 30 de noviembre de 2018, lo que representa un descenso de casi el 7% (6,98%) en un  año. El proceso coincide con los tiempos en que se van conociendo en detalle las consecuencias de la transposición de MiFID II y las exigencias y limitaciones que la normativa impone a las EAFs (como la imposibilidad de contar con una red propia de verdaderos agentes financieros), que suponen un obstáculo para el crecimiento de unas y para la supervivencia de otras,

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La situación ha provocado fuertes movimientos en el sector, que ha reaccionado buscando mayor dimensión, vía concentración, o dar el salto a otras figuras de entre las Empresas de Servicios Inversión (ESI). Y, por lo que se palpa en el ambiente al escuchar las inquietudes de muchas EAFs, estos movimientos, aún incipientes, pueden acabar convirtiéndose en tendencia. Por un lado, el cumplimiento de las nuevas exigencias que conlleva la aplicación de MiFID II supone realizar inversiones importantes y soportar mayores costes, lo que significa que el volumen de patrimonio asesorado necesario para garantizar la viabilidad económica del negocio se eleva considerablemente. Recientemente, Carlos García Ciriza, presidente de ASEAFI, situaba el umbral en torno a los 100 millones de euros.

Muchas de las que superan esa barrera de 100 millones y cuentan con un proyecto empresarial orientado al crecimiento y a una implantación nacional se ven impelidas a transformarse en otro tipo de ESI, ya sea agencia o sociedad de valores o, incluso, gestora. Quienes no alcanzan ese umbral, analizan posibilidades de fusión con otras EAFs y, en algunos casos, bajar un escalón y operar como agente financiero, una figura con requerimientos normativos muy inferiores y que suele contar con apoyo de las entidades para las que trabaja. El caso es que las fugas del censo de EAFs se producen tanto por la parte alta como por la zona baja.

La agencia de valores aparece como figura emergente

Hasta el momento, la evolución natural de las EAFs se ha dirigido principalmente hacia dos figuras: gestora o agencia de valores. Entre las Empresas de Servicios de Inversión, las que registran mayor crecimiento son las agencias de valores, que han pasado de 48 a 53 en los últimos 12 meses, lo que en términos relativos supone un incremento del 10,42%.

El dinamismo de las agencias de valores se refleja también en la evolución del negocio. Las comisiones percibidas por las sociedades de valores a 31 de octubre del presente ejercicio se sitúan en 377,73 millones de euros, registrando un descenso del 24,12% respecto al mismo periodo del año anterior. Por el contrario, las agencias de valores han registrado unos ingresos de 126,56 millones, con un crecimiento del 4,94%.

 

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