¿Dónde se encuentra el techo de las EAFI con las actuales limitaciones normativas?

EAFI
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Un somero análisis de los datos sectoriales y un vistazo a la normativa dan pistas claras de cuál puede ser el futuro de las Empresas de Asesoramiento Financiero (EAFI). Una actividad en la que operan más de 160 empresas en España parece destinada a ser un nicho de mercado en el que no caben grandes corporaciones, ya sea por su escaso potencial de negocio o por tratarse de un campo altamente especializado, como parece ser el caso.

Aun tratándose de una figura joven (las primeras EAFIs se constituyeron en 2009), parece que el legislador ha optado por limitar el desarrollo de las empresas de asesoramiento financiero, que han peleado para que, en la transposición de MiFID II, se contemplara la posibilidad de que las EAFIs pudieran contar con redes de agentes financieros. Petición que, finalmente, no ha sido atendida. En esas circunstancias, es evidente que su desarrollo, especialmente en cuanto a implantación territorial y capilaridad comercial queda cercenado drásticamente. De ahí que hayamos asistido a varias conversiones en agencias y sociedades de valores o, incluso, en gestoras. Todas ellas figuras con mayores exigencias de capital. La otra tendencia natural, la de las fusiones entre EAFIs para ganar masa crítica y aprovechar sinergias, aunque se han producido algunas, no parece un camino sencillo.

Una media de 3 empleados

Actualmente, el número de EAFIs registradas se sitúa en torno a las 170, con un tamaño medio propio de una pequeña empresa. Según el informe presentado por el Consejo General de Economistas el pasado mes de septiembre, una EAFI media tiene una facturación anual de 306.084 euros, con un beneficio de 17.569 euros, unos fondos propios de 150.428 euros y una plantilla de 3 empleados.

Pero este perfil medio tampoco responde a la realidad del segmento, porque, si descontamos el negocio de las cuatro mayores EAFIs, el resto ofrecería datos mucho más reducidos; esas cuatro primeras concentran una tercera parte del volumen de negocio, más de las tres cuartas partes del beneficio y el 25,3% de los empleados. Si ampliamos este análisis a las 15 primeras, que suponen menos del 10% de las EAFis existentes, vemos que, en conjunto, representan el 57,03% de la facturación, el 88,91% de los beneficios y el 45,57% de los empleados. De tal forma que el 42,97% del negocio restante está repartido entre más de 150 pequeñas empresas.

Esta tesitura puede condenar al sector EAFI, con excepción de las grandes citadas, a permanecer en una situación de elevada atomización que, sin duda, tiene visos de hacerse crónica. La panorámica general podría quedar, a medio plazo, compuesta mayoritariamente por microempresas; en muchos casos, despachos profesionales con escasa estructura empresarial y con un ámbito de actuación fundamentalmente local. Una situación que presenta un horizonte poco prometedor para la consolidación de esta figura. No olvidemos que, tras la aplicación de MiFID II, con las limitaciones al cobro de retrocesiones y la obligación de escoger entre asesoramiento independiente o no independiente, puede haber muchos profesionales que se sientan tentados de reconvertirse en agentes financieros, con unos requisitos y una adaptación a la normativa menos complejos.

Por otra parte, el mundo de la EAFI puede acabar constituyendo un paso intermedio; una especie de semillero de empresas que luego dan el salto a agencia o sociedad de valores cuando alcanzan la dimensión necesaria. En cualquier caso, el marco legal parece limitar el recorrido de una figura que generó mayores expectativas cuando se creó.

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