David Ardura (Finaccess Value): El difícil trabajo de predecir a Trump

Por David Ardura, director de inversiones de Finaccess Value
Si algo une a los analistas en este inicio de año, es la certeza de que los mercados financieros de 2025 estarán profundamente influenciados por las decisiones de la recién estrenada administración de Donald Trump. En este sentido, las apuestas de consenso se encuentran en que veremos a un Trump que, como siempre, será controvertido, pero, de alguna manera, su posicionamiento será más ordenado y “promercado” que su anterior mandato.
Sólo así se explica el comportamiento de los activos financieros en los últimos meses, donde los tipos de interés suben al calor de un mundo esperado con mayor tasa de crecimiento, la Bolsa avanza (a pesar del viento de cara de los tipos) amparada en una continuación del crecimiento de los beneficios, y los diferenciales de crédito se acercan a sus mínimos históricos, esperando un clima empresarial sin alteraciones evidentes.
De esta manera, el mercado parece ignorar las cosas que podrían salir mal. Evitamos escuchar que, quizás, Trump no sea tan ordenado. Que las deportaciones masivas de inmigrantes reducen la oferta de trabajo en un mercado que se mueve en pleno empleo, lo que inevitablemente incrementa los salarios. Miramos para otro lado cuando nos hablan del nocivo efecto para el comercio mundial que suponen los aranceles generalizados, por no hablar de la motosierra de Elon Musk sobre el gasto público (el segundo principal contribuidor del crecimiento del PIB, después del consumo privado). Todo ello con una Fed que, si ve indicios de repunte significativo de la inflación, y dado que ya nos movemos en pleno empleo, se podría ver obligada a llevar la contraria a Trump en lo que al rumbo de la política monetaria se refiere.
Esta ignorancia consciente del escenario alternativo está basada en la falsa creencia de que podemos saber qué pasa por la cabeza de Trump y que somos capaces de predecir lo que va a hacer el presidente de Estados Unidos. Y la realidad es que no lo sabemos. Es un sesgo muy conocido el pensar que somos capaces de anticipar el futuro y que nuestras acciones son las correctas en función de ese escenario que hemos estimado con asombrosa precisión.
La realidad es mucho más cruel; Los mercados financieros son un sistema complejo con multitud de variables e interacciones que impiden que podamos hacer predicciones certeras sobre el futuro. En 2025 una de estas variables clave serán las acciones de Donald Trump y, a la vista del perfil del nuevo presidente de Estados Unidos, intentan anticipar su comportamiento se antoja cuando menos ambicioso.
Esto no significa que debamos permanecer inactivos en 2025. Ante la incertidumbre y la inestabilidad suele haber dos herramientas que funcionan muy bien: El sentido común y pensar siempre en el largo plazo. El sentido común nos ayudará a evitar las trampas que un mercado complaciente y convencido de que nada puede salir mal suele tender.
Por ejemplo, nos puede ayudar a evitar un índice, el S&P 500, que, a día de hoy, tiene Equity Risk Premium negativo. Esto supone que la rentabilidad del bono a largo plazo es mayor que la rentabilidad que podemos esperar del índice. No es una situación normal. Al menos no lo ha sido en los últimos veinticinco años, donde la rentabilidad de la Bolsa siempre ha sido superior a la del bono.
El sentido común y pensar en el largo plazo nos debe llevar a no mirar a ese índice con expectativas de rentabilidad tan bajas y buscar cobijo para nuestras inversiones en sectores, mercados y negocios que seguirán generando beneficios en los próximos años y que no cotizan a múltiplos que implican desorbitadas expectativas de crecimiento.
Algo parecido sucede en la renta fija. No sabemos cómo van a ser las decisiones de Trump, pero el mercado ya ha puesto en la rentabilidad de los bonos un repunte de crecimiento e inflación. Esto ha llevado a los plazos largos a rozar los máximos de rentabilidad de los últimos años (años en los que la inflación ha estado mucho más alta que ahora) y al repunte de las pendientes de las curvas de tipos que, por fin, han dejado de estar invertidas dando sentido a la adopción de duración.
De nuevo, el largo plazo. No sabemos cómo será la cifra de inflación del mes que viene, pero sí podemos inferir que, estructuralmente, tenderá en el largo plazo al 2% (o algo por encima). Al inversor le corresponde, con su buen juicio, considerar si un bono estadounidense al 4.80% es remuneración suficiente para su dinero en un mundo de inflación al 2%.
Quizás, con el formidable desarrollo de la Inteligencia Artificial, en el futuro seamos capaces de anticipar el comportamiento de los mercados y las personas con mayor certeza. Hasta que ese momento llegue debemos ser humildes y honestos con nosotros mismos y contar con los instrumentos que realmente están a nuestro alcance: El sentido común y pensar siempre en el largo plazo.


