Capital Group: Argentina tiene un problema de liquidez más que de solvencia

Por Steven Backes, gestor de Capital Group

A principios de agosto, el candidato presidencial de la oposición, Alberto Fernández, alcanzó un éxito inesperado en las elecciones primarias de Argentina, al obtener muchos más votos que el presidente Mauricio Macri. Parece que a los mercados les preocupa que, si Fernández gana las elecciones generales de octubre, sus políticas, tanto en términos de economía como de reestructuración de la deuda, podrían echar por tierra algunos de los modestos avances logrados bajo el mandato de Macri. Por eso hemos presenciado una caída masiva del peso, así como de los mercados de renta variable y bonos.

¿Por qué el 1 de septiembre se impusieron controles de capitales y cuáles son?

En pocas palabras, una crisis de confianza había llevado a numerosos inversores argentinos y extranjeros a intentar sacar su dinero del país. Esto causó una fuerte depreciación del peso, que el banco central argentino trató de detener utilizando sus reservas de divisas. En las dos semanas posteriores a la aplastante victoria de Fernández en las primarias, el banco central agotó cerca del 20 % de sus reservas en dólares en defensa del peso. Una medida claramente insostenible.

Básicamente, los funcionarios tenían a dos opciones: o dejar que el peso cayera libremente y llegara a un nuevo nivel, o imponer controles de capitales para tratar de generar estabilidad más rápidamente. El 1 de septiembre, el Gobierno eligió la segunda opción. Las principales medidas de control de capitales limitan las compras mensuales en moneda extranjera de los residentes, obligan a los exportadores a repatriar sus ganancias extranjeras y exigen a los bancos y otras compañías solicitar autorización antes de vender pesos a cambio de moneda extranjera.

¿Están funcionando los controles de capitales?

Los mercados de bonos, renta variable y divisas se vieron fuertemente afectados en agosto, pero creo que los controles de capitales tienen ahora una buena oportunidad para lograr estabilidad a corto plazo. Aunque todavía es pronto, el peso se ha fortalecido un poco al aliviarse parte de la presión a la baja sobre él. Con todo, la demanda de dólares no ha desaparecido. Por ejemplo, los residentes argentinos han recurrido al mercado negro para conseguir dólares. En este mercado paralelo que se ha desarrollado para transacciones más pequeñas con intermediarios, el peso se ha depreciado en comparación con la tasa oficial.

Hay un gran interrogante sobre los mercados de valores y de bonos en relación con la agenda política del próximo gobierno. Las elecciones generales se celebrarán en octubre y, en caso de que gane, Fernández no asumirá el cargo hasta diciembre. Mientras no haya mayor claridad en el panorama político, creo que los inversores deberían estar preparados para un viaje convulso.

¿Qué perspectivas a corto plazo augura para la economía argentina?

Es posible que se revierta el alentador repunte de la actividad económica que observamos en el segundo trimestre y que la inflación suba de nuevo. Al no haber certezas sobre la agenda política del próximo Gobierno, la incertidumbre podría tener un efecto paralizador en el gasto de compañías y particulares. También estoy analizando minuciosamente el sistema bancario. En general, los bancos argentinos tienen reservas importantes en el banco central y en otros lugares. Sin embargo, los medios han publicado noticias sobre bancos que restringen las disposiciones de efectivo de forma unilateral.

Espero que estas restricciones no se generalicen. El Gobierno actual intentará evitar los controles de depósitos en dólares en los bancos. A causa de los controles de capitales, el incentivo por dólares ha disminuido. Además, lo último que necesita la economía es que el sistema bancario se paralice.

Otra gran incógnita es cómo percibe el Fondo Monetario Internacional (FMI) los últimos acontecimientos. Como parte del programa de rescate de 57 000 millones USD del año pasado, el FMI debe desembolsar 5.400 millones de dólares a Argentina a finales de septiembre. Los pagos programados para septiembre y diciembre pueden retrasarse si el FMI considera que los avances del Gobierno de Macri para corregir las finanzas del país se han visto ensombrecidos por el deterioro de las perspectivas y el aumento de la incertidumbre política. Hacia finales de año, el Gobierno tendrá que hacer frente a pagos sustanciales de deuda, así que cualquier pausa por parte del FMI disminuiría en gran medida sus perspectivas económicas.

¿Qué perspectiva de inversión cree que tienen los bonos argentinos?

Como analista de inversiones, adopto una visión a más largo plazo. Creo que actualmente Argentina tiene un problema de liquidez, más que un problema de solvencia; por lo tanto, debería poder cumplir con sus obligaciones para con los titulares de bonos modificando el perfil de vencimiento de alguna deuda local.

Puede probar varias estrategias para cubrir las necesidades de recursos financieros que afrontará en 2020 y 2021. Concretamente, el Gobierno ha propuesto ampliar el vencimiento de las facturas emitidas con arreglo a la legislación local a fin de disponer de más tiempo para pagar intereses a los titulares de bonos. Esta propuesta tendría que ser aprobada por el Congreso de Argentina. Se podría adoptar un enfoque similar para una propuesta de normativa local sobre una ampliación del vencimiento. Para los bonos denominados en dólares estadounidenses, cualquier reestructuración tendría que ser aprobada por los acreedores. Dicho todo esto, la situación es fluida y, como he señalado, la postura del FMI es una gran incógnita.

Reflexiones finales

Los recientes acontecimientos subrayan la importancia de la diversificación al invertir en bonos de mercados emergentes y globales, e ilustran los peligros de centrar las carteras en los bonos de mayor rendimiento para obtener ganancias a corto plazo. Así no trabajamos en Capital. Nosotros nos esforzamos por construir carteras adecuadamente equilibradas. Investigamos en profundidad con el fin de crear carteras variadas de bonos que puedan garantizar un equilibrio favorable entre rentabilidad potencial y riesgo a lo largo del tiempo.