Allianz GI: La probable desaceleración de EEUU podría condicionar la posición de la Fed

Por Stefan Scheurer, Director, Global Capital Markets & Thematic Research Allianz Global Investors

¿Qué hará la Reserva Federal? Esta es la pregunta que más se plantean ahora los inversores. En Estados Unidos, el mercado laboral se mantiene en buena forma, los hogares siguen dispuestos a gastar y los datos de inflación han resultado mejores de lo esperado. Al mismo tiempo, las palabras de Jerome Powell ante el Comité de Finanzas del congreso estadounidense apuntan a una política laxa de la Reserva Federal estadounidense, lo que ha alentado las esperanzas de rebajas de tipos y ha impulsado a las bolsas. Lo único en que los participantes del mercado no parecen haberse puesto de acuerdo en la última semana es en la magnitud del recorte, mientras que el índice general del mercado de renta variable estadounidense (S&P 500) ha alcanzado un nuevo récord histórico.

Muchos inversores se preguntan si los responsables de las políticas monetarias y fiscales conseguirán un «aterrizaje suave» del ciclo económico de EE. UU., que se mantiene en una fase de crecimiento desde hace más de 120 meses. Esto podría sentar las bases para un nuevo auge. Unas primeras señales cautelosas de estabilización fueron ya visibles el mes pasado, pero los datos económicos publicados últimamente, en particular del sector manufacturero, mostraron un panorama económico bastante moderado en EE. UU. Los índices de gestores de compras ISM del sector de servicios así como el manufacturero, en particular el subcomponente de los pedidos de exportación, continuaron disminuyendo, mientras que el gasto en bienes de inversión siguió sin convencer. Esto indica que la desaceleración gradual del crecimiento mundial está comenzando a afectar también al sector manufacturero estadounidense. Si bien es probable que la atención de los inversores internacionales se siga dirigiendo de momento a la marcha de los indicadores macroeconómicos, en las próximas semanas podría centrarse más en la evolución de la actual temporada de publicación de resultados del segundo trimestre de 2019.

Y es que el conflicto comercial entre EE. UU. y China podría empezar a impactar más claramente sobre el crecimiento de las ventas y de los beneficios de las empresas. Los analistas prevén que los beneficios en Estados Unidos pueden caer en un 3% para el S&P 500 y subir un 0,8% en el Stoxx600 europeo. Sería la primera vez que los beneficios retroceden en EE. UU. desde 2016 y los gestores de fondos, según apunta la más reciente encuesta de Bank of America Merrill Lynch (BofAML), podrían comenzar a pensar en una recesión de los beneficios empresariales.

Claves de la próxima semana

De EE. UU. llegarán algunos indicadores esclarecedores. Es de esperar que se sigan con interés ciertos indicadores adelantados como el índice de actividad de la Reserva Federal de Chicago (lunes) o el índice de la Fed de Richmond (martes) a principios de semana pero, sobre todo, el índice Markit de gestores de compras del sector manufacturero (miércoles) ya que, en términos históricos, suele mostrar una elevada correlación (de en torno a 0,8) con la tendencia de los beneficios del mercado bursátil estadounidense de los 12 meses siguientes. El jueves se publican los nuevos pedidos de bienes duraderos. Se prevé un ligero incremento, pero la tendencia debería de seguir apuntando a una desaceleración de la industria manufacturera estadounidense. A finales de la semana (viernes) se publica la estimación preliminar del producto interior bruto de EE. UU. del 2.º trimestre de 2019: el consenso espera un crecimiento económico anualizado del 2,0% (en el primer trimestre fue del 3,1%). Esto podría incidir en la decisión sobre los tipos de interés de la Reserva Federal de la semana siguiente.

En la zona euro, además de los índices de gestores de compras del sector manufacturero (miércoles), es de prever que los inversores se fijen sobre todo en la decisión sobre los tipos de interés del Banco Central Europeo (BCE) del jueves. El acta de la reunión del Consejo de Gobierno de junio mostró una disposición hacia una mayor relajación de la política monetaria. Incluso si esta ya podría llevarse a cabo en la reunión del Consejo de Gobierno del 25 de julio –entre otras cosas, a través del ajuste de las indicaciones sobre la orientación futura de la política ( o «forward guidance»), parece más probable que sea en la reunión de septiembre cuando se realice una eventual rebaja de la tasa de depósito junto con un ajuste de sus optimistas estimaciones de crecimiento para 2020.

En Alemania, por otra parte, la atención se centrará en el índice Ifo de clima empresarial (jueves), mientras que en Asia, tras la publicación de los datos económicos de China de la semana pasada, se dirigirá principalmente hacia el índice de gestores de compras de Japón (miércoles) y los precios al consumo del área metropolitana de Tokio (viernes). No obstante, en general, el panorama económico de Japón de desaceleración del crecimiento económico y menor presión salarial podría llevar a plantearse un nuevo aplazamiento del aumento del IVA previsto para octubre.

La búsqueda de rendimiento continúa

Varios bancos centrales han dado recientemente unas claras señales de relajación monetaria: la semana pasada, los de Corea, Indonesia y Sudáfrica se han sumado a este grupo. Si, además, la Reserva Federal de EE. UU. y, a largo plazo, el BCE recortan los tipos de interés, esto podría tener un efecto multiplicador, que otros bancos centrales internacionales podrían seguir en un futuro próximo. La liquidez barata podría seguir favoreciendo los activos de riesgo, mantener la volatilidad baja y prolongar aún más el ciclo económico. Efectivamente, los fondos del mercado monetario registraron unas entradas netas de 42.000 millones de dólares estadounidenses en la primera semana de julio, ya que los inversores parecen posicionarse gradualmente. Según la última encuesta de la American Association of Individual Investors, la proporción de los inversores bajistas disminuyó del 43% al 27% en la última semana, mientras que la de los inversores alcistas subió del 22% al 34%. En algunos casos, el motivo es también la búsqueda de rentabilidad, porque la proporción de deuda pública y corporativa en circulación con un rendimiento negativo ha alcanzado ahora un volumen de unos 13 billones de dólares estadounidenses.