XTB: Wall Street en máximos, pero con grietas

Por el equipo de XTB
Las bolsas continúan coqueteando con máximos históricos, aunque bajo la superficie empiezan a aparecer señales menos cómodas. Según los datos recopilados por Jason Goepfert, solo hay dos días como ayer, en los que el S&P 500 repuntó al menos un 1% hasta quedar a tan solo un 1% de un nuevo máximo, y más acciones cayeron a nuevos mínimos que a nuevos máximos. El 23 de julio de 1929 y el 21 de diciembre de 1999. Ambas fechas coincidieron con tres meses antes de los desplomes épicos del mercado. La muestra es demasiado pequeña para extraer conclusiones predictivas —y ambos mercados todavía siguieron subiendo durante semanas o meses—, pero sí refleja una circunstancia excepcional: los índices avanzan mientras la participación en las subidas se estrecha considerablemente.
El contraste resulta todavía más llamativo porque el Nasdaq venía de subir un 2,3% hasta máximos históricos, apoyado nuevamente en el entusiasmo alrededor de la inteligencia artificial. Históricamente, repuntes superiores al 2% que terminan en máximos han venido seguidos de subidas superiores a la media, por lo que el mercado ofrece actualmente señales contrapuestas entre la fortaleza de los grandes índices y el deterioro de su amplitud.
Motivos para seguir siendo positivo en los mercados
Las señales de alerta conviven con unos fundamentales que siguen ofreciendo soporte a las bolsas. El argumento alcista ya no depende exclusivamente de la inteligencia artificial: incluso excluyendo tecnología, las expectativas de beneficios de las compañías estadounidenses se encuentran muy por encima de la tendencia previa a la pandemia. Además, durante los últimos 12-18 meses la mejora de los resultados se ha ido extendiendo fuera de Estados Unidos.
A esa fortaleza de los beneficios se suma una economía menos sensible a algunos de los shocks que históricamente provocaban fuertes correcciones. El peso de la energía sobre el consumo y el PIB es menor que en las décadas de 1970 y 1980, mientras hogares y empresas llegan a este ciclo con una estructura financiera más resistente. Muchas compañías aprovecharon los años de tipos bajos para fijar financiación a largo plazo: cerca de dos tercios de los bonos y préstamos de las empresas del S&P 500 no vencen hasta después de 2030 y solo alrededor del 10% de la deuda es variable.
También hay un argumento de valoración que hace unos meses era más difícil de defender. El S&P 500 sigue sin estar barato frente a su historia, pero la subida de los beneficios y las correcciones de este año han reducido el múltiplo. El PER forward ha pasado aproximadamente de 22 veces a 19 veces durante 2026. Es decir, los índices pueden encontrarse cerca de máximos mientras las valoraciones son inferiores a las de comienzos de año porque los beneficios han aumentado.
A ello se suma un efecto riqueza que continúa sosteniendo al consumidor y a los mercados financieros. El patrimonio de los hogares estadounidenses ha crecido con mucha más fuerza que antes de la pandemia y no se explica únicamente por la bolsa: incluso el valor de las posiciones en efectivo se encuentra cerca de un 50% por encima de su tendencia previa. Además, buena parte de ese aumento de riqueza se concentra en los hogares de mayores ingresos, que son precisamente quienes tienen una mayor capacidad de consumo y reinvierten una mayor proporción de su patrimonio en activos financieros.
Mientras los beneficios sigan creciendo y el coste financiero no erosione significativamente los márgenes, las correcciones pueden seguir encontrando compradores.
Muse cambia las reglas: ganadores y perdedores de la nueva IA
El lanzamiento de Muse, el nuevo agente de inteligencia artificial de Meta, ha provocado una primera sacudida en bolsa. La aplicación ha alcanzado el primer puesto de la App Store estadounidense y su capacidad para reservar viajes, realizar compras, concertar citas o enviar mensajes en nombre del usuario ha abierto una nueva pregunta para los inversores: ¿qué ocurre con las empresas cuyo
negocio depende de que cambiar de proveedor sea difícil o incómodo?
Los perdedores: empresas que viven de la “inercia del consumidor”
Las primeras ventas se han concentrado en sectores donde la IA puede comparar precios, negociar condiciones o cambiar automáticamente de proveedor. El índice financiero del S&P 500 cayó cerca de un 2%, mientras JPMorgan y Wells Fargo cedieron más de un 3%, Allstate un 5,5% y Charles Schwab más de un 6%.
También sufrieron las agencias de viajes online, las aseguradoras y las telecomunicaciones. La amenaza no es que Muse sustituya inmediatamente estos negocios, sino que reduzca la fricción que protege sus márgenes. Si un agente puede comparar seguros cada año, cambiar de operador telefónico, reservar directamente un hotel o buscar automáticamente una alternativa más barata, la fidelidad por comodidad pierde valor.
Podemos identificar a las telecomunicaciones, seguros y utilities entre los sectores más expuestos, además de compañías como Booking, Expedia, Netflix o Paramount. La preocupación es que un agente pueda automatizar tareas de comparación, contratación o intermediación que hoy justifican parte de las comisiones cobradas por estas plataformas.
Los ganadores: Meta y las plataformas que controlen la transacción
El gran beneficiado inicial es Meta. Muse abre potencialmente una tercera vía de monetización de la IA, adicional a publicidad y suscripciones: cobrar o capturar parte del valor de las transacciones realizadas por el agente. Meta subió después del lanzamiento, mientras Shopify y PayPal también avanzaron tras integrarse rápidamente en el ecosistema de Muse.
La clave puede estar ahí: si los agentes se convierten en la puerta de entrada entre el consumidor y las empresas, el valor podría desplazarse desde quien vende el producto hacia quien controla la decisión y ejecuta la compra.
Los bancos reciben una segunda presión: la curva de tipos
El sector financiero suma otra fuente de presión al temor por Muse: el aplanamiento de la curva estadounidense. El Treasury a dos años ronda el 4,78%, frente al 4,96% del bono a diez años, dejando el diferencial en apenas 22 puntos básicos, muy por debajo de los cerca de 75 puntos básicos de febrero.
El movimiento es relevante para los bancos porque una parte de su negocio consiste en financiarse a corto plazo y prestar a plazos más largos. Cuando los tipos cortos suben más rápido que los largos, el coste de los depósitos y otras fuentes de financiación aumenta mientras la rentabilidad de los préstamos no lo hace en la misma proporción, presionando el margen de intereses.
Además, una curva cada vez más plana puede reflejar expectativas de tipos altos a corto plazo y menor crecimiento a futuro. Si ese escenario se consolida, el riesgo no estaría solo en los márgenes, sino también en una menor demanda de crédito y, más adelante, en un posible deterioro de la calidad crediticia. Así, los bancos afrontan una doble presión: la posible disrupción de la IA en la relación con el cliente y una curva de tipos que amenaza con reducir la rentabilidad del negocio tradicional.
El efecto puede trasladarse también a la banca española, aunque no de forma mecánica. Un aplanamiento de la curva estadounidense tiende a presionar las valoraciones del sector financiero global y puede elevar la prima de riesgo exigida a los bancos, incluso fuera de Estados Unidos.
Además, si ese movimiento termina extendiéndose a Europa, el margen de intereses de las entidades españolas podría perder parte del impulso de los últimos años: los depósitos y otras fuentes de financiación podrían seguir encareciéndose mientras la rentabilidad de los préstamos a largo plazo deja de subir al mismo ritmo. En Santander el canal es además más directo por su exposición a Estados Unidos, mientras que para el resto del sector español el impacto llegaría principalmente a través de valoración, financiación mayorista y sentimiento inversor.


