Mapfre AM: La inversión en IA se centrará en las empresas capaces de demostrar que saben monetizarla

Por Javier de Berenguer, selector de fondos en Mapfre Asset Management
Considero que la inversión en IA se centra cada vez menos en narrativas prometedoras y más en la capacidad de las empresas para materializarlas. Los inversores no invertirán en cualquier empresa de IA; se centrarán en aquellas que demuestren estar obteniendo resultados o monetizando con éxito las aplicaciones que lanzan al mercado.
El entusiasmo por la IA no va a desaparecer, ya que es muy probable que estemos ante una de las mayores revoluciones económicas y sociales que hemos visto o veremos jamás. El caso de Telefónica, sin embargo, es distinto, ya que sus acciones han caído en las últimas semanas. En líneas generales, no considero atractiva la acción, dado que la empresa requiere una gran intensidad de capital y se está viendo perjudicada por el aumento de los costes de financiación. Además, opera en un sector altamente competitivo, y a los inversores les preocupa especialmente su capacidad para generar crecimiento orgánico.
La compañía no cuenta con la confianza de los inversores, algo que se refleja en su cotización bursátil. Más allá de los valores individuales, considero que un posible acuerdo de paz que involucre a Irán podría impulsar los mercados. Por ello, soy partidario de sobreponderar la renta variable, que se ha visto algo frenada por el riesgo geopolítico. Aumentar la exposición a deuda a largo plazo también podría ser una estrategia sensata. Otro efecto probable de un plan de paz en Oriente Medio sería una caída de los precios del petróleo.
En Mapfre creemos que los precios bajarían rápidamente a medida que se disipara parte de la prima de riesgo geopolítico. No obstante, no esperamos un desplome, dados los desafíos a largo plazo, incluidos los daños permanentes en las infraestructuras. Creemos que la oferta se mantendrá relativamente ajustada. Por otro lado, la producción europea ha aumentado durante tres meses consecutivos. Esta cifra es claramente positiva y coherente con la evolución de la economía europea, aunque gran parte de la mejora se debe a factores cíclicos más que estructurales.


