Los family offices apuestan por los asesores financieros en un contexto de rentabilidad cada vez más incierta
Pocas semanas antes de finalizar 2020, Deloitte, en colaboración con Family Offices Managers Meeting (FOMM) publicó un informe, elaborado en base a las entrevistas mantenidas con 50 gestoras de patrimonio de familias empresarias en España y Andorra, en el que se subrayaba que, a pesar de los rigores de la crisis económica derivada de la pandemia global, el 80% de los family offices españoles no piensa modificar sus inversiones en renta variable, aunque se afirmaba que cerca del 50% de ellos considera que las perspectivas en este ámbito han empeorado debido a la recesión mundial.
La otra gran conclusión de este documento es que la mayor incertidumbre acerca del futuro de los mercados financieros ha estimulado el crecimiento en el grado de profesionalización de los family offices, ya que, en la actualidad, el 72% dispone de asesores financieros que les aconseja en temas relacionados con los activos (66%), el mercado inmobiliario (52%) o los activos alternativos. Cabe recordar, en este sentido, que 9 de cada 10 encuestados subrayó que no estiman que la situación económica pueda remontar, al menos, hasta finales del presente ejercicio.
En búsqueda de la gestión más eficiente
Los family offices son, por definición, sociedades que se dedican a la gestión de grandes patrimonios familiares, con el objetivo de preservarlos y gestionarlos de la forma más óptima posible. Por ello, más tarde o más temprano, se hace necesario implementar una gestión profesional que pueda maximizar el patrimonio y administrarlo de un modo eficiente, separando dicha administración del negocio principal de la familia. Es decir, que disponer de asesores experimentados para que la rentabilidad del family office sea adecuada implica una gestión activa que, en líneas generales, deberá ser lo suficientemente flexible para adaptarse a las condiciones cambiantes del mercado.
El aumento de la incertidumbre en los mercados financieros ha estimulado una mayor profesionalización de los family offices
En línea con el informe anterior, recientemente, Cerulli Associates ha publicado otro, en el que se reitera que, a nivel general, los gestores de los family offices estiman que, a largo plazo, los retornos esperados por sus inversiones también serán más bajos, debido, sobre todo, al incremento de la volatilidad, lo que obligará a que muchos de ellos tengan que aumentar sus niveles de liquidez tanto para poder responder ante futuros imprevistos como para ser capaces de aprovechar cualquier oportunidad que surja en los mercados.
De hecho, en muchos de ellos persiste el sentimiento de que los efectos del Covid-19 sobre la economía seguirán siendo relevantes en los mercados, lo que afectará negativamente a la rentabilidad de los activos mientras, en paralelo, será preciso tomar mayores riesgos en la gestión activa del patrimonio para garantizar que se alcancen, al menos, las cotas de retornos esperados en el largo plazo. Una realidad que se imbrica con dificultad con el hecho de aumentar la liquidez, ya que este capital, en principio, no renta nada a las carteras de estos vehículos.
Apetito por los activos descorrelacionados del ciclo
Otro hito destacable en el informe de Cerulli es la creciente demanda de activos reales dentro de los family offices, en áreas como infraestructuras, tierras agrícolas, algunos productos básicos y ciertos bienes raíces. Según los especialistas de esta entidad, la explicación hay que buscarla en que los gestores profesionales desean apostar por activos que no están correlacionados con los mercados de valores tradicionales y que puedan, de este modo, ofrecer protección en el caso de que la inflación aumente más rápido de lo esperado.
También han crecido sus tenencias de oro y han agregado otros metales preciosos como plata y platino. Además, algunos ven las criptomonedas como un refugio potencial en caso de degradación del mercado de divisas. Dentro de la renta variable, existe un amplio reconocimiento de que una recuperación global podría hacer que los mercados emergentes entren en un período de rentabilidad superior que, por asociación, beneficiará a las empresas europeas.




