Los asesores financieros post-pandemia: más emocionales y siempre abiertos al cambio

Dentro del Foro Anual de Asesores Financieros, que ha contado con el apoyo de Banco Mediolanum, se ha celebrado una sesión bajo el título ‘Asesorar en un mundo cambiante’, que ha contado con la participación de Juan Massana, responsable de Banco Mediolanum zona Madrid-Centro, y Fernando Vega, profesor del máster en bolsa y mercados financieros del IEB. El evento ha intentado analizar el nuevo rol de los asesores financieros en un nuevo escenario muy exigente para los ahorradores en el que la volatilidad manda y en donde los mecanismos de asesorar han cambiado como consecuencia de la pandemia global. Todo ello ha generado una serie de nuevos retos para estos profesionales que redefinirán su papel en la nueva realidad post-coronavirus.
Tal y como ha afirmado Massana, “todo ha cambiado pero, en realidad, no ha cambiado nada. La figura del asesor financiero va a más y hoy es más importante porque el ahorrador necesita a alguien que le diga qué hacer”. Para este especialista, existe en la actualidad un exceso de información que es muy complicado de asimilar para el inversor minorista, lo que hace “imprescindible contar con una persona que guíe desde la óptica de una gestión activa del patrimonio”.
Massana ha indicado que, ante todo, “el asesor debe ser coherente con los objetivos de su cliente y centrarse en el largo plazo, huyendo del ruido del día a día”. En su opinión, a pesar de la contundencia de la reciente recesión global, “aunque cada crisis es diferente y tiene sus causas, la película termina siempre de la misma manera, por lo que el asesor actual tiene que convertirse cada vez más en el psicólogo del cliente”. Además, ha indicado que estos profesionales tienen “un rol más importante que nunca como transmisores de educación financiera a la opinión pública”.
Una figura en constante transformación
Por su parte, Vega ha querido subrayar que la industria financiera “está siempre en permanente cambio y el valor exclusivo de todo gran profesional es asimilar estos cambios y hacer de sus servicios algo diferencial”. En este sentido, ha asegurado que “es más importante que nunca que los inversores configuren estrategias sólidas y de largo plazo que se vean poco influenciadas por los posibles cambios negativos en el entorno”.
En esta coyuntura, los asesores, a su juicio, se dividen en dos perfiles muy diferenciados: aquellos que gestionan inversores y que se dedican, principalmente, a “administrar estados de ánimo”; y los que gestionan inversiones, que “deben ser fríos ante las fluctuaciones del mercado”. Para Vega, “la pedagogía y la planificación son críticas para el buen desempeño de un asesor en época de crisis”.


