La zona euro avanza con paso firme

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Por Hans Bevers, economista jefe en Bank Degroof Petercam.

Los indicadores de confianza económica siguen apuntando a un sólido crecimiento cíclico en los distintos sectores y regiones. Además, el comercio mundial está mostrando signos de mejora. Tras numerosos arranques en falso durante los últimos años, la recuperación actual parece más fuerte, con una base más sólida y más sostenible. Dicho esto, la diferencia significativa ente los distintos indicadores de la actividad económica están poniendo en tela de juicio que esto sea así hasta cierto punto. Los riesgos políticos, por su parte, se mantienen a la baja aunque todavía existe una clara discrepancia entre la incertidumbre de la política económica mundial y la volatilidad de los mercados financieros. Y es que lo más probable es que la expansión del balance del banco central haya jugado un papel importante a la hora de mantener la volatilidad contenida.

En lo que respecta a Europa, la actividad económica en la eurozona está ganando terreno. La confianza, tanto empresarial como de los consumidores, es elevada, lo que apunta a más noticias económicas positivas en los próximos meses. La inflación, por el contrario, sigue siendo moderada. En este contexto, el Banco Central Europeo (BCE) está cambiando el tono de los estímulos, pero de una manera gradual y cautelosa.

Si se toma como referencia la evolución más reciente de los indicadores de confianza, la actividad económica parece superar con facilidad el nivel de 2% (sobre una base anualizada), más o menos el doble de las estimaciones del crecimiento potencial de la eurozona (alrededor del 1%). Esto implica que la gran brecha negativa se está cerrando gradualmente y que el desempleo (actualmente en el 9,3%) está bajando significativamente desde los elevados niveles en los que se encontraba.

Por lo tanto, es lógico que el BCE haya dado un tono más positivo a su discurso en las últimas semanas. Actualmente, más observadores están argumentando ahora a favor de una política monetaria más estricta. Sin embargo, no hay necesidad de pisar completamente el freno en este momento. El BCE no tiene prisa en abandonar su política de tipos de interés cero o desmantelar su programa de compra de activos (60.000 millones de euros cada mes hasta finales de 2017) por ahora. Dicho esto, el discurso del BCE variará a medida que avance el año y la actividad económica se confirme.

No obstante, aunque como hemos dicho anteriormente, esta recuperación es más sólida que las que hemos visto en los últimos años, de alguna manera es también la parte más fácil. Y los vientos de cola derivados de las bajos tipos de interés, los bajos precios de las materias primas, el bajo tipo de cambio, el fin de la austeridad y una recuperación global más sincronizada son muy útiles, pero también tienden a desaparecer con el tiempo.

En la parte positiva, hay que destacar que las reformas estructurales del mercado laboral están dando sus frutos y hay esperanzas de que Merkel y Macron puedan producir un clima más positivo en toda Europa. Si a esto le siguen acciones concretas en el plano institucional y más inversión pública y privada, las cuestiones estructurales relacionadas con el envejecimiento de la población y la desaceleración del crecimiento de la productividad podrían resultar algo menos difíciles de abordar. Es importante destacar que unos tipos de interés más elevados, a cambio, implican que habría un margen mayor para la flexibilización de la política monetaria cuando llegue la próxima recesión.

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