Jupiter AM: Las empresas excelentes pueden lidiar con los vaivenes de la economía

Centrarse en empresas líderes en sus sectores que sean capaces de adaptarse a los cambios es más importante que intentar predecir los próximos movimientos de la economía, sostienen Mark Heslop y Mark Nichols, gestores de la estrategia European Growth de Jupiter AM, a lo largo del siguiente análisis:
«El año 2020 ha puesto de relieve los riesgos que conlleva confiar en exceso en las proyecciones económicas y las expectativas del mercado. Nosotros optamos por no gastar nuestro tiempo intentando prever la actividad económica o las valoraciones de los índices. En lugar de eso, ponemos el foco en empresas, en modelos de negocio y en tendencias y oportunidades de crecimiento a largo plazo. En última instancia, las empresas excelentes pueden lidiar con los ciclos económicos (tanto los buenos como los malos) mejor que las empresas con una gestión deficiente o negocios indiferenciados. Nuestra opinión personal sobre las perspectivas económicas generales para el próximo año no importa, ya que no altera nuestra convicción sobre los mejores negocios para invertir de cara al largo plazo.
Pensamos que las tres grandes cuestiones a las que se enfrentarán los inversores durante los próximos meses son las siguientes:
¿Cómo va a cambiar el mundo después del confinamiento?
Muchas actividades (de hecho, la mayoría) serán sustancialmente iguales después del confinamiento que antes de la pandemia. La gente regresará a la oficina, volverá a los bares y restaurantes y viajará de nuevo al extranjero en vacaciones. No obstante, las personas y las empresas han aprendido mucho sobre sí mismas durante los últimos doce meses. Algunos de nosotros podemos trabajar eficazmente (y con costes bajos) desde casa, adquirir productos y servicios por Internet es más sencillo que ir de tiendas y podemos movernos libremente sin dinero físico en nuestras carteras. Estas tendencias, entre otras, ya estaban dándose de todos modos, pero se han acelerado con la crisis y redoblarán la presión sobre las empresas para ir por delante de la curva. Consideramos que la clave reside en centrarse en líderes de sus sectores que estén en una posición idónea para adaptarse a estos cambios y aprovechar las oportunidades.
Las repercusiones más importantes probablemente se originen en las respuestas de los gobiernos ante la crisis. El paro y la ingente acumulación de deuda probablemente sean dos herencias duraderas que deje 2020. Esperamos que eso dé lugar a una ampliación plurianual de los estímulos monetarios reforzados (dinero barato) y a inversiones masivas en infraestructuras, dirigidas específicamente hacia la economía verde. Cabe esperar que se confíe en que las empresas ayuden a cuadrar las cuentas, especialmente los tan denostados «contaminadores» y las fuertemente politizadas empresas tecnológicas del sector del consumo.
¿Brillará la infravaloración o el crecimiento? ¿Qué pasará con los tipos de interés?
La primera de estas preguntas —infravaloración o crecimiento— es objeto de un amplio debate entre los inversores en estos momentos, pero pensamos que carece de sentido. Las empresas infravaloradas cuyas cotizaciones parecen relativamente baratas y las empresas de crecimiento cuyos ingresos crecen con relativa rapidez no son necesariamente opciones excluyentes. Nos gustan las empresas cuyo potencial de generación de efectivo a largo plazo está siendo subestimado y, por lo tanto, infravalorado por el mercado. También nos gustan las empresas que disponen de oportunidades de crecimiento porque presentan el potencial más grande para acrecentar el valor para el accionista. El debate infravaloración-crecimiento suele girar en torno al ratio precio-beneficios (PER) de una empresa y cómo sale parado en la comparación con su media histórica. Creemos firmemente que el PER es un indicador de valoración deficiente, porque no recoge las diferentes perspectivas de crecimiento de las empresas, sus necesidades de capital o los posibles cambios en la tasa de rentabilidad sin riesgo.
La pregunta más importante es si los tipos de interés van a subir y cuáles son las consecuencias si lo hacen. No nos atrevemos con una predicción, pero exponemos las siguientes observaciones:
- El aumento del desempleo y el exceso de capacidad en la economía mundial probablemente limiten la capacidad de los bancos centrales para estimular la inflación.
- El coste de la deuda tendrá que mantenerse en niveles bajos si los gobiernos quieren ser capaces de atender sus crecientes niveles de deuda.
- Un entorno de tipos en ascenso probablemente indique una mejoría de la actividad económica y de la inflación. Si bien eso podría ser bueno para el contexto general de precios de las empresas, los productos indiferenciados seguirán viéndose obligados a competir en precio y tendrán dificultades para generar márgenes atractivos. Las fuerzas perturbadoras seguirán causando perturbaciones y se podría dejar morir a las empresas zombis.
Un entorno de tipos de interés al alza alteraría los atractivos relativos de las empresas individuales en las que queremos invertir, pero no cambiaría el conjunto de empresas que queremos en cartera.
¿Desglobalización y Brexit?
En nuestra opinión, la fragmentación de la economía mundial es un factor netamente negativo para la prosperidad general de la humanidad. Creará ineficiencias en las cadenas de suministro, duplicidades de capacidad y una asignación del capital poco eficiente. Las inquietudes geopolíticas relacionadas con el auge y la creciente influencia de China y la viabilidad a largo plazo del proyecto europeo seguirán influyendo en la agenda política y podrían dar lugar a más políticas proteccionistas. Sin embargo, no esperamos un desmantelamiento completo del comercio mundial.
Aunque la mayoría de las empresas en las que invertimos venden sus productos y servicios fuera de sus fronteras, esperamos que la mayoría de ellas estén relativamente protegidas frente a las interferencias políticas a corto plazo. Más importante aún es que creemos que los productos de estas empresas están diferenciados y son muy valorados por sus clientes. Además, los ingresos internacionales se generan o manufacturan en gran medida dentro de las fronteras nacionales. En los casos en los que las cadenas de suministro se vean sometidas a una creciente repatriación, pensamos que es mejor estar del lado de las empresas que poseen el poder de fijación de precios necesario para poder repercutir la posible inflación de los costes.


