Más del 90% del patrimonio bajo gestión de Azvalor ha doblado su valor liquidativo en tres años

Por el equipo de Azvalor
A cierre de 2023 los fondos de Azvalor han registrado resultados positivos de doble dígito en casi todos los casos: Azvalor Iberia, +23,9%; Azvalor Managers, +15,5%; Azvalor Blue Chips, +10,5%; Azvalor Internacional, +9,8%; Azvalor Value Selection Sicav, +8,8%, y el plan de pensiones Azvalor Global Value, +9,0%.
Desde sus respectivos lanzamientos hace ya más de 8 años, y a cierre de 2023, las rentabilidades acumuladas en nuestros fondos son del +44% en Azvalor Iberia, +134% en Azvalor Internacional, +93% en Azvalor Blue Chips, +52% en Azvalor Managers y +97,9% en Azvalor Global Value, nuestro plan de pensiones. En los últimos tres años, más del 90% del patrimonio bajo gestión de Azvalor ha doblado su valor liquidativo.
Pero eso es ya el pasado y en Azvalor centramos todo nuestro esfuerzo en preparar las carteras para cosechar rentabilidades superiores al doble dígito anualizado en los próximos años. Un esfuerzo que se basa en analizar cada compañía evitando la tentación de adivinar el futuro, algo que nunca logrará nadie.
Sin embargo, sí que podemos aspirar a saber qué rentabilidades esperar de otra forma: fijando la vista en el punto de partida de las valoraciones. A lo largo de nuestra historia cuando los fondos cotizaban de media a un 70% de su valor (en junio de 2007 por ejemplo) la rentabilidad esperada era inferior al +10% anual, y así fue. En los mínimos del 2009 o del Covid los fondos cotizaban a un 30% de su valor, y las rentabilidades esperadas entonces superaban el +20% anual, y así fue. Hoy los fondos cotizan alrededor de un 55% de su valor. Esto sugiere rentabilidades esperadas a largo plazo (desde este punto) por encima del +10% sin llegar al +20%.
Sin embargo, la senda de las ganancias nunca es lineal. Veamos los últimos 150 años de la bolsa americana (S&P 500): para generar su rentabilidad media anualizada real de entre el +6/7%, ha habido años de +50% y también alguno de -50%. Si hubiéramos estado invertidos en el índice todo ese largo periodo, el 36% del tiempo tendríamos pérdidas, el 44% del tiempo nos alegraríamos con resultados de doble dígito, y únicamente el 20% del tiempo tendríamos una rentabilidad similar a la que obtendremos de forma anualizada a largo plazo en el índice.
De estos datos podemos extraer dos conclusiones:
- La distribución de resultados de la renta variable es “no lineal”.
- Vivir con esta incertidumbre, que se refleja en esta distribución de resultados tan incómoda, es esencial para llegar a buen puerto invirtiendo en renta variable.
En relación al entorno, vemos tres riesgos detrás de las narrativas arraigadas en el mercado. La primera es que la Inteligencia Artificial “lo va a cambiar todo”. Recordemos a finales de los 90 que, pese a que Internet iba a cambiar el mundo (¡como así fue!), eso no impidió una caída
del 80% del índice tecnológico NASDAQ. Quien compró con la euforia, ¡tardó 15 años en recuperar su inversión!
En segundo lugar, hoy todos piensan que la “inversión en índices” es la mejor opción (diversificación a buen precio). Nuestra visión es la opuesta: el precio del S&P es caro y no hay tal diversificación (el peso del top7 alcanza casi el 30%).
En tercer y último lugar, existe un riesgo propiamente macroeconómico: el alto peso de la deuda pública en Occidente. Oímos que “la deuda ya sabemos que no se paga nunca”, pero no es tan sencillo. Hay derivadas de primer y segundo orden de enorme importancia. Sin entrar en los detalles, la fragilidad de las economías se eleva exponencialmente cuando los ratios de deuda sobre PIB superan el 100%. Y el margen de los estados para “tapar todos los problemas” se reduce. Nosotros tenemos esto en cuenta en nuestras previsiones a nivel de cada empresa, pero pensamos que el mercado, como agregado, no lo está valorando como debiera.


