Elena Moya (MIFL): ETF Activos, última vuelta de tuerca en el eterno debate gestión activa versus pasiva

Por Elena Moya, Senior Product Specialist Spain, MIFL
Primero fueron los fondos que intentan replicar a un índice (Exchange Traded Funds, o ETF), luego el Smart Beta (captura del rendimiento del mercado intentando evitar los baches y aprovechar las subidas), y ahora los Active ETFs (gestión activa de un ETF): en el fondo todo son intentos de ser tan o más listos que el mercado con el mínimo esfuerzo – algo cuanto menos extremadamente difícil: los mercados financieros son las vísceras del mundo, un reflejo de los millones de decisiones que toman millones de personas a diario, lo que les hace a menudo poco racionales y difíciles de predecir.
Por ello no existe una varita mágica para conseguir las ganancias y evitar las pérdidas que los mercados nos traen a diario. A pesar de eso, los inversores siguen confiando dinero en las nuevas tendencias, sobre todo si estas son de bajo coste: los fondos pasivos atrajeron un récord de 247.000 millones de euros en Europa el año pasado (vs 145.400 millones de euros en 2023), según datos de Morningstar. En cuanto a los ETF activos, se han lanzado 200 estrategias en Renta Fija activa desde diciembre de 2020, también según Morningstar.
La inversión pasiva y los ETFs Activos de bajo coste son por supuesto una opción, pero no una fórmula garantizada de éxito, como cualquier forma de inversión. Es importante que los inversores sepan muy bien qué implica cada opción, pues una decisión informada siempre será mejor. Con el objetivo de ayudar al inversor, a continuación, detallamos diferencias clave entre la gestión activa y pasiva que, a nuestro juicio, nos parecen relevantes en el contexto actual.
La inversión pasiva, o replicar un índice cuando las cosas van bien, es desde luego una estrategia excelente porque el inversor captura los beneficios del mercado a bajo coste. Ahora, y como sabemos todos, los mercados suben y bajan cada segundo. Por ejemplo: la bolsa norteamericana nos ha dado grandes beneficios en los últimos dos años, lo que ha incrementado su peso en los índices internacionales hasta un 70%, a pesar de que Estados Unidos represente el 20% del PIB mundial. Ese peso está en contra del principio básico de la diversificación. La gestión pasiva ha capturado las ganancias del 2023 y 2024 – y también las pérdidas de casi el 7% que llevamos este año (a finales de marzo, en euros). Seguir los índices de referencia de manera pasiva, en este momento, significa ignorar la tendencia alcista en Europa y Asia.
En el lado de la gestión activa, el pago de comisiones para que un equipo de profesionales invierta su tiempo observando métricas en pantallas, leyendo informes y hablando con las personas responsables de los activos en los que invierten, por supuesto no es garantía de éxito. Pero sí ofrece flexibilidad para maniobrar: esto es crucial en un entorno como el actual, donde estamos visionando un tsunami geopolítico que parece estar creando un nuevo orden internacional. China emerge como un co-líder global, creando su propia área de influencia, Estados Unidos está luchando contra esa competencia con aranceles y proyectando un dólar a la baja; de repente todos los países están aumentando el gasto en defensa y relajando los límites fiscales. Estos movimientos están teniendo un efecto magnánimo tanto en Renta Fija como en Renta Variable, que la gestión activa puede cuanto menos anticipar para proteger a sus clientes, así como aprovechar la volatilidad para encontrar oportunidades – siempre, con las necesidades y objetivos del cliente en el centro. Además, la flexibilidad de una gestión activa siempre permitirá al gestor diversificar más una cartera – la mejor y menos costosa manera de reducir riesgo.
En medio de tanta incertidumbre, una cosa está clara: no existen pócimas mágicas para asegurar el éxito en la inversión, ni en las nuevas, ni en las viejas tendencias, y nadie es más listo que el mercado. La inversión no es una ruleta que funciona como una apuesta en la que se gana o se pierde. Para MIFL, la inversión es un ejercicio a medio y largo plazo que tiene como objetivo ayudar al cliente a conseguir sus objetivos, y para ello no hay atajos, ni fórmulas mágicas, sino inversión paciente y constante, centrada en los objetivos personales de cada inversor.


