El Síndrome de Infoxicación que amenaza a los asesores financieros

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Por Eduardo Lázaro Ezquerra, Psicólogo-Coach. @elazaroezquerra

El conocido psicoterapeuta Jorge Bucay afirma que cada día las personas están expuestas a información equivalente a 174 periódicos de 85 páginas cada uno, cuando en 1980 eran 40 diarios, y advierte de que el exceso de información en las personas genera el “síndrome de la Infoxicación”, caracterizado por ansiedad y angustia.

El neologismo “infoxicación” fue acuñado por el especialista en información Alfons Cornella para aludir a la sobresaturación de información, como acrónimo de intoxicación por información. La “infoxicación” es la incapacidad de análisis eficiente de un flujo de información excesivo.

Si hacemos una búsqueda en Google de información financiera obtenemos 5.830.000 resultados. La misma búsqueda con información legal (3.680.000), médica (1.840.000) o psicológica (1.950.000). Lo que puede significar que los asesores financieros disponen de mayor cantidad de información en Internet que abogados, médicos y psicólogos. Esto, también, puede reflejar el interés y la importancia de disponer de información válida para realizar las mejores inversiones. Pero, ¿cómo procesar tanta información? ¿Se pueden tener en cuenta todos los factores relevantes? ¿Están los inversores y asesores sobrecargados de información?

Por otra parte, los expertos advierten del riesgo que conlleva el exceso de información. Sin embargo, la necesidad permanente de actualización y orientación, supone un gran desafío. 

El término de exceso o sobrecarga de información no es nuevo. Fue utilizado por Ackoff en 1967, en un artículo en el que realizaba la descripción de los errores habituales en el diseño de sistemas de información. Ackoff propuso que lo que sufrimos es una sobrecarga de información irrelevante. Ya en 1992, Drucker planteaba el proceso hacia una sociedad del conocimiento con sus oportunidades y amenazas.

Actualmente los asesores financieros manejan una enorme cantidad de información en tiempo real, gracias a las tecnologías de la información. Numerosos estudios de “big data” nos proporcionan estimaciones del comportamiento de los mercados. En principio, esto facilita la labor, pero, también, puede complicar la toma de decisiones o inducir a errores de procesamiento.

De hecho, se ha descrito el denominado “síndrome de fatiga de información” y trastornos relacionados que implican que las personas no rinden adecuadamente por sobrecarga de estímulos.

Disponer de información de calidad es necesario para tomar decisiones financieras. Pero, ¿cómo separar el grano de la paja? Pues, evitando los sesgos y centrándonos en la información relevante y necesaria. Para ello, es conveniente tener claros los objetivos de inversión y procesar la información sabiendo cómo funciona nuestro cerebro en la toma de decisiones.

Alvin Toffler en su libro “Future Shock” plantea cómo el exceso de información perjudica la comprensión y la toma de decisiones. La sobrecarga sensorial puede producir desorientación. Además, la precisión de nuestras predicciones se reduce cuando los estímulos cambian muy rápidamente y de forma irregular. No podemos, entonces, analizar adecuadamente la realidad. Esto hace que un exceso de información pueda ser tóxico.

Por ejemplo, está demostrado que el sesgo de “exceso de confianza” tiene influencia sobre la toma de decisiones de inversión. Este sesgo podría estar relacionado con la cantidad de información, si el asesor valorase dicha información dejándose influir por la cantidad de la misma. Es decir, disponer de mucha información en una dirección, puede inclinar la balanza en esa dirección a la hora de proponer una operación. Pero la duda es, ¿conocemos bien todas las fuentes de información? Si varias noticias que afectan a una inversión proceden de la misma fuente, deberían contar sólo como una noticia en el análisis. Emocionalmente esto no funciona así. El bombardeo de información nos afecta sesgando nuestro conocimiento produciendo un “exceso de confianza” basado en la cantidad de información.

Otro ejemplo relacionado es el sesgo cognitivo llamado “aversión a la pérdida”. Este error de razonamiento consiste en que la satisfacción que nos produce una ganancia, no es equiparable al malestar que provoca una pérdida de igual cuantía. Algunos expertos establecen una proporción de 1:2,5. Esto podría influir negativamente en nuestra confianza. Si proporcionalmente, nos duelen más las pérdidas, podemos llegar a la conclusión de que si atendemos noticias de pérdidas de un valor pesarán más que las de ganancias en nuestra memoria emocional.

Para intentar reducir estas posibilidades de error, pude servir informarse con una periodicidad marcada y no de forma continua. Esto produce un mayor filtrado del “ruido” y, por lo tanto, un mayor peso específico de la “señal”. De esta forma, la influencia de la frecuencia de las noticias pierde efecto y no tiene tanta influencia en nuestra memoria emocional.

Adaptarnos y gestionar la sobrecarga de información y conocer los sesgos que puede producir es importante. Podemos ser más conscientes de las características humanas que afectan a nuestras decisiones. Se trata de controlar y filtrar el flujo de información para que no nos afecte tanto emocionalmente y poder diferenciar la información relevante.

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