David Santiago (Dsan IG): El VIX, el termómetro del miedo en el mercado

Por David Santiago, inversor en Dsan Investment Group
El CBOE Volatility Index (más popularmente conocido como VIX) es la métrica estándar de la volatilidad “implícita” a un mes vista del índice estadounidense S&P 500. A diferencia de los indicadores que recogen lo que ya ha ocurrido, el VIX se construye a partir de los precios de mercado de las opciones call y put del S&P 500 con vencimientos (DTE) próximos (entre 23 y 37 días).
Al combinar de forma ponderada las primas de un amplio rango de strikes (precio definido de ejecución del derivado), el VIX extrae exclusivamente la expectativa de fluctuación futura (anualizada) de la renta variable; por ejemplo, un VIX en 20 refleja que el mercado espera una desviación típica anual del 20 % para el S&P 500 en el próximo mes.
La mecánica de cálculo neutraliza el efecto de los dividendos, las tasas de interés y el nivel actual del índice, de modo que lo único que varía es la volatilidad implícita. Esto convierte al VIX en un barómetro del sentimiento de riesgo: cuando el mercado teme caídas bruscas, las primas de los contratos de opciones se disparan y, con ellas, el índice de volatilidad. Cuando la calma prevalece, las primas se reducen y el VIX cae.
El VIX y su impacto en distintas clases de activos
Por su propia naturaleza, la relación más evidente del VIX es con las acciones: ambos se mueven de forma inversa.
Un alza del VIX suele coincidir con correcciones en los principales índices bursátiles (los inversores compran protección (opciones) y se deshacen de posiciones de riesgo, aumentando la volatilidad y por tanto el precio de los derivados); cuando el VIX baja, el equilibrio de portfolios se aleja más de las posiciones de protección y vuelven a incrementar las ponderaciones en posiciones con un perfil de riesgo mayor.
No obstante, el alcance del VIX va mucho más allá del mercado accionario.
En el universo de la renta fija, el VIX impulsa flujos monetarios hacia los activos “safety net”: bonos del Tesoro de EE.UU. o de países Europeos (principalmente Alemania) suben de precio, causando una caída en sus rentabilidades cuando el miedo general en los mercados sube, reflejando una posición defensiva en la mayoría de los inversores.
Al mismo tiempo, los bonos corporativos de alta rentabilidad (high yield, junk bonds…) o la deuda de economías emergentes sufren ampliación de spreads: los inversores exigen primas extra para asumir ese riesgo.
De hecho, el índice MOVE, que mide la volatilidad implícita de los Treasuries, suele acompañar directamente correlacionado al VIX en los episodios de tensión global.
En los mercados de commodities y relacionados, el patrón se bifurca.
Por un lado, el oro se beneficia netamente de un VIX elevado: al actuar como el activo refugio de referencia, su precio sube en paralelo al aumento de la aversión al riesgo.
Por otro, las materias primas cíclicas (petróleo, cobre, metales…) suelen resentirse, pues un VIX alto con frecuencia anticipa un parón o recesión que lastra la demanda, anticipando una decaída en el precio subyacente.
Como excepción, sólo en casos de choque de oferta (por ejemplo, conflictos geopolíticos que amenazan suministros) pueden energéticos y metales sufrir alzas simultáneas con el VIX, aunque de forma más contenida y aislada.
El impacto sobre divisas también es claro: al incrementarse la volatilidad implícita, los inversores globales buscan refugio en monedas como el dólar estadounidense, el yen japonés o el franco suizo, que se fortalecen frente a divisas emergentes y ligadas a materias primas.
En cambio, cuando el VIX está en mínimos, los grandes inversores suelen aumentar posiciones en el controversial “carry trade”, el cual consiste en tomar posiciones (normalmente apalancadas a través de divisas con menores intereses) en monedas con un perfil más rentable y, por tanto, más arriesgado.
Por último, el VIX ha dado origen a toda una familia de derivados de volatilidad: existen futuros y opciones cotizados sobre el propio índice, así como ETF y ETN que replican su curva de futuros.
Estas herramientas permiten a inversores y gestores aislar el riesgo de volatilidad por sí mismo, convirtiéndolo en un activo operativo y en un componente central de coberturas y estrategias especulativas, principalmente partícipes en estrategias / posiciones defensiva
Imagen internacional: VIX y equivalentes
En Europa, el equivalente más directo del VIX es el VSTOXX, que mide la volatilidad implícita del Euro Stoxx 50 con idéntica metodología. Ambos índices suelen moverse casi al unísono en grandes crisis globales, alcanzando picos muy parejos cuando el miedo es sistémico. Sin embargo, ante eventos locales emergen divergencias: una votación clave en la Eurozona o una escala de la crisis de la deuda europea impactan con más fuerza al VSTOXX, mientras que decisiones de la Reserva Federal o crisis internas de EE.UU. suelen dejar al VIX más afectado que a su homólogo europeo.
Además, ambos mercados ofrecen sus propios derivados de volatilidad negociados en sendas plataformas: CBOE/NYSE en EE.UU. y EUREX/LSE en Europa. Los profesionales a menudo arbitran entre VIX y VSTOXX, aprovechando ligeras diferencias de valor relativo cuando uno de los dos refleja un miedo mayor al que, a juicio de los gestores, corresponde al otro, estrategia muy útil especialmente para los fondos con enfoque global ya que les permite tomar perfiles defensivos a nivel continental.
El VIX: Una herramienta clave para el inversor y el gestor de activos
Comprender el VIX va más allá de saber que “es un indicador de miedo o pánico”. Conocer su cálculo y cómo traduce el precio de las opciones en una expectativa de volatilidad futura es fundamental para calibrar el coste de oportunidad y la adaptación del perfil de riesgo de cada cartera, sirviendo también como un útil indicador del momento óptimo para entrar en estrategias defensivas, de cobertura o de protección.
Asimismo, interpretar los niveles (bajos, medios o extremos) ayuda a decidir cómo conviene ajustar el perfil de riesgo (más riesgo, más protección, cartera neutra, etc…), ajustar la ponderación de las carteras (divisas, bonos, commodities…) e incluso los momentos ideales para ejecutar estrategias de inversión que involucren derivados.
Finalmente, la comparación de los índices de volatilidad a nivel global e internacional ofrece un punto de vista general que permite obtener una visión más acertada del sentimiento de los mercados a cualquier nivel y anticiparse a divergencias en las opiniones de los grandes inversores, hecho que permite detectar posibles oportunidades en los diversos mercados.


