Carlos Llamas (EDM): «Afrontamos la actual coyuntura con nuestro conocido optimismo escéptico»

Por Carlos Llamas, CEO de EDM
Las Bolsas han recompensado, una vez más, la calidad de las empresas que hemos seleccionado. Este desempeño se ha reflejado en los resultados de los fondos de EDM de gestión propia así como aquellos en los que, por sus especiales características, hemos delegado la gestión. Igualmente las carteras de renta fija han ofrecido resultados positivos.
Voy a intentar resumir las cuestiones que me parecen relevantes para Vd. en los próximos 12 meses … y más allá.
La macroeconomía: ¿guía para la toma de decisiones de inversión?
Muchos clientes nos preguntan sobre la previsible evolución económica de los países donde tienen su domicilio las empresas que componen las carteras. Y también aquellos que son grandes emisores de Deuda Pública. Como es sabido, EDM no fundamenta las carteras en base a anticipar la evolución macroeconómica. Esta afirmación adquiere hoy mayor sentido, dado el elevado grado de incertidumbre en el que nos hallamos, pues a lo largo del 1S2024, los inversores han ido cambiando las previsiones para la economía de EE UU: una desaceleración, una reaceleración o incluso … ¡una recesión!
En consecuencia, los Bancos Centrales han ido adaptando sobre la marcha sus mensajes de política monetaria, es decir, los anuncios sobre los tipos de interés oficiales. Los mercados de Deuda y las Bolsas se han ido moviendo en consecuencia.
En este entorno de imprevisibilidad, hemos optado por concluir que, salvo una caída en recesión profunda (no imposible pero no probable), los tipos de interés se relajarán moderadamente pero no tanto como se preveía al inicio de 2024. Como vemos en el apartado siguiente, esta evolución no durará eternamente.
El impacto de los tipos de interés en las valoraciones (PER) es más relevante que la evolución macroeconómica, pues tanto los Gobiernos como los Bancos Centrales se han esforzado por suavizar la intensidad y reducir la duración de los ciclos económicos.
Una visión lejana: tipos de interés más elevados
En nuestra aproximación de largo plazo de la gestión patrimonial hemos incorporado para los próximos años una visión, muy diferente a los 10 años ya transcurridos.
La nueva visión incorpora el siguiente perfil:
- Menor globalización
- Fragmentación económica y geopolítica
- Grandes esfuerzos de inversión para atender:
- Gastos de defensa
- Inversiones en digitalización
- Inversiones en descarbonización
La consecuencia de todo ello es una apelación al gasto, que va a presionar los tipos de interés impidiendo volver a los vigentes durante la larguísima «gran moderación» (2010-2022). Esto nos lleva a aproximarnos a la estructuración de las carteras (asset allocation) con un concepto de mayor diversificación, tal y como adelantamos ya en el Foro de Inversores pasado (noviembre 2023).
¿Cómo navegar el nuevo escenario?
Un escenario, como el descrito en los dos apartados anteriores, es un reto para aquellos que desean generar retornos (interés/dividendos + revalorización) que superen la inflación que, por cierto, parece difícil retorne a medio plazo al objetivo declarado por los Bancos Centrales (2%).
Esencialmente vemos que el corazón de los activos que superan la inflación (no los únicos) son las acciones de empresas de calidad. La razón está en que, de los 3 elementos que determinan el resultado (total Return) de las acciones cotizadas, creemos que los más relevantes serán el Dividendo y el Crecimiento de Beneficios por Acción (BPA) y no tanto la expansión de los múltiplos (PER). Estos últimos han contribuido ya fuertemente en los últimos años.
Siendo ello así durante este semestre, nuestro equipo de analistas ha podido confirmar en reuniones con compañías que el crecimiento medio a 5 años del BPA en una cartera global se sitúa en los dos dígitos (12% -18%). Esta convicción debe ser fuente de serenidad en el actual entorno político y social tan polarizado, pues nuestra experiencia nos dice que las crisis políticas/geopolíticas tienen un impacto limitado en el tiempo.
Afrontamos, pues, el periodo veraniego con nuestro conocido «optimismo escéptico» pero habiendo ya diversificado las carteras con activos de volatilidad reducida para aprovechar las oportunidades que el cambiante estado de ánimo de los inversores pueda ofrecernos.


